La verdad política, cualquiera que sean sus formas, no es más que el orden y la libertad:
René de Chateaubriand (1768-1848) Escritor y político francés
Hace veinticinco años Morelia volvía a nacer. Recobraba su esplendor luego de permanecer por décadas secuestrada por mafias de líderes del comercio informal. Víctor Tinoco Rubí, gobernador, hizo posible ese renacer del esplendor de la cuna de Morelos.
Y si algo quedó asentado como lección de esa epopeya, es que cuando el poder público hace uso de todas sus herramientas políticas, legales y prácticas para solucionar problemas sociales, regularmente logra su objetivo en beneficio de la colectividad.
Tinoco decidió hace un cuarto de siglo que Morelia merecía un mejor futuro y que si en ello estorbaban intereses particulares, había que superarlos con todo el peso del poder público. Negoció, dialogó, ofreció, propuso alternativas a los miles de comerciantes de la vía pública, no a sus líderes, siempre con respeto pero también con firmeza: si al paso de un tiempo razonable no entraban en razón, siempre el estado se reservaba la atribución legal de imponer el orden. Afortunadamente no hubo necesidad de ello, porque el diálogo prevaleció. Es esa la gran lección del rescate del centro histórico moreliano hace veinticinco años: la negociación no está reñida con la aplicación firme de la ley. Aquella, la negociación, puede y debe estirarse hasta donde razonablemente es viable en función de los intereses de las mayorías. Pero cuando la intransigencia y la ilegalidad, el caos y la impunidad campean, es obligado volver al orden.
De Tinoco Rubí, hay que decirlo, tienen mucho que abrevar las actuales generaciones de políticos, siempre temerosos de aplicar la ley y siempre partidarios de que el fin justifica los medios. Las cosas, como son.
X @jaimelopezmtz


