La corrupción es el enemigo más peligroso de la justicia y la igualdad:
Thabo Mbeky (1942-?) Presidente de Sudáfrica
Hace trece años surgían oficialmente las autodefensas michoacanas. En el corazón de la tierra caliente, la emblemática tenencia de La Ruana, en Buena Vista, nacía un movimiento enteramente ciudadano, legítimo y justificado por entero: era un hasta aquí, un ya basta de la sociedad civil, de los siempre valerosos hombres y mujeres terra calentanos, ante al agobio de Los Caballeros Templarios, el cártel hegemónico en ese momento en Michoacán.
Hipólito Mora, José Manuel Mireles, Cemeí Verdía, Estanislao Beltrán, fundamentalmente, dieron forma organizada a la desesperación de toda la tierra caliente por sacudirse del yugo templario. Y en un principio lo lograron, alcanzando tal impacto mediático, que Enrique Peña Nieto envió a su escudero Alfredo Castillo Cervantes a sofocar el fuego y contener la estridencia mediática producida por civiles que se armaban para cumplir con la obligación que el Estado soslayaba: la seguridad.
Cierto, a la vuelta de los meses, quizá más pronto de lo esperado, las autodefensas fueron infiltradas por delincuentes que veían ahí la posibilidad de cobijarse frente a las órdenes de aprehensión ya vigentes en su contra. De hecho, el propio Castillo colaboró, supongo que sin intención pero sí con estupidez e ignorancia, para la rápida venida a menos de las autodefensas, al involucrarse en su escencia, enviando a ellas a criminales que solo él no sabía que lo eran.
Rápido la figura de las autodefensas se disipó, pero la semilla de la insurgencia valerosa de la sociedad civil no podrá morir mientras persista la causa que les dio origen: la inacción y, en muchas ocasiones, la connivencia gubernamental con los cárteles de la criminalidad.
Vaya desde aquí mi sincero reconocimiento a los fundadores del movimiento, sobre todo Mora, Míreles y el único que sigue con vida, Cemeí Verdía. Tuvieron los arrestos para echar en cara al poder público su irresponsabilidad de cumplir con su obligación número uno: garantizar la seguridad a los gobernados, combatiendo, no aliándose, con los grupos criminales.
Cómo hacen falta tipos con los pantalones de Hipólito Mora y José Manuel Mireles. A trece años de distancia, hay que etiquetarlos como lo que fueron, verdaderos héroes del México del nuevo milenio. Algún día la historia les hará justicia. X@jaimelopezmtz



