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lunes, mayo 27, 2024

CHOQUE DE INSENSATOS

La dictadura política y la desesperanza alimentan al extremismo religioso

Benazir Bhutto (1953-2007) Política pakistaní

El asalto de las fuerzas armadas ecuatorianas a la sede de la Embajada mexicana en Quito, eclipsado mediáticamente en cierta forma a nivel nacional por el debate de candidatos presidenciales, es un fenómeno político y diplomático inédito en la historia de las relaciones internacionales modernas, que tiene al menos dos pistas para dimensionarlo:

Una, el presidente López Obrador cometió uno más de sus lances absurdos, sin sentido, propio de quien claramente tiene desconectada la lengua de la cabeza, al “analizar”, a tontas y locas, el magnicidio de Fernando Villavicencio, candidato presidencial de Ecuador, el año pasado. Lo hizo además con saña, deslizando un asesinato con interés político.

López Obrador supuso que la tragedia le abriría en automático las puertas a la candidata del correísmo, Luisa González, afín al bloque populista y con tufo dictatorial en el que tambjen están Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel.

Finalmente, no sin sorpresa, el conservador Daniel Noboa se hizo de la Presidencia. Y como si no fuera poco, López Obrador disfrazó de perseguido político al ex vicepresidente Jorge Glas, para justificar darle protección en la Embajada con la idea de traerlo a México para que evadiera la acción de la justicia ecuatoriana, siendo, para ésta, un delincuente. Sin ningún tacto, López Obrador compró un pleito innecesario, del cual ya le pasaron factura.

Y dos: todo ello no reduce un ápice la gravedad de la violación del territorio mexicano por parte de la Policía ecuatoriana para detener a Glas. Sea o no delincuente, ya estaba en suelo mexicano, toda vez que una Embajada se considera parte del territorio del país representado en ella. El asalto es de la mayor gravedad legal y López Obrador hizo bien en romper relaciones con el país sudamericano.

En síntesis: el presidente mexicano cometió un yerro épico al lanzar declaraciones tan fuera de lugar con relación al magnicidio de Villavicencio, e hizo peor aún al tratar de dar inmunidad a un delincuente de otro país, pero su homólogo ecuatoriano no quiso quedarse atrás y cometió uno de los más preocupantes atropellos a la soberanía de otro país.

Un factor no elimina ni justifica el otro. A fin de cuentas, el choque de dos insensatos que hoy presiden sendos países, no podía generar otro resultado.

Y a la pesadilla ya solo le quedan 187 días.

X@jaimelopezmtz

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