Mas vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar por una mentira:
Mahatma Gandhi (1869-1948) Político indio
Por supuesto es un problema delicado que Claudia Sheinbaum haya sido pillada en un embuste, un montaje en redes sociales: el jueves anterior subió a su cuenta de X una foto que aparenta un lleno en las salas del Aeropuerto Felipe Ángeles, el elefante blanco que la enfermiza mente de Andrés Manuel López Obrador pergeñó, y al que la 4T se empeña en ocultar su inutilidad, comenzando absurda e innecesariamente por la propia presidenta con A.
La Semana Santa parecía un buen momento para evidenciar algo de afluencia, y así lo entendió la mandataria, que posteó que estaba “al cien”, con vuelos saturados.
Todo iba aparentemente bien, hasta que usuarios acuciosos, de esos que no tienen nada que hacer, se pusieron a analizar las imágenes, y descubrieron pasajeros con rostros deformes, otros con manos con siete dedos, piernas en posturas antinaturales, todo lo cual evidenciaba un montaje con inteligencia artificial. Rápido vino la tunda a la presidenta científica, la que no miente, no roba y no engaña.
Alguien, con noble corazón o que por oficio sea especialista en maromas para justificar yerros presidenciales, podrá argumentar o que doña Claudia fue engañada por algún colaborador “bien quedado”, o que el desliz no es algo tan grave como para que se haga un escándalo mayor.
La respuesta es tan rápida como contundente: quien miente en lo “poco”, miente en lo más. La valoración aplica para quien roba y quien engaña, las premisas lopezobradoristas que todos en la 4T repiten como mantra, pero que nadie aplica para sí.
En efecto, el principal problema para un mandatario es que se le etiquete como mentiroso, sobre todo cuando es comprobado, como es el caso. Al que mata un perro le llaman mata perros para siempre. ¿Cómo pide Sheinbaum que se le crea cuando dice que los asesinatos van a la baja, o cuando asegura que hay menos desparecidos, o que habrá abasto de medicamentos, o que su gobierno no es corrupto? Comparado con esos rubros, ciertamente una foto truqueada puede ser un asunto de menor peso.
Empero, si ella es capaz de mentir con la foto del AIFA, con mucha razón lo será en momentos y temas de mayor relevancia, como los descritos. Si algo debe guardar quien manda, es la confianza que genera en los gobernados y ésta tarda años en labrarse, pero segundos en romperse. Quien altera dolosamente una fotografía, es capaz de alterar lo que sea.
No es un momento más en el desgobierno sheinbuista, es un parteaguas porque desde ahora todo lo que nos diga la presidenta, deberá ir primero al detector de mentiras.
La mitomanía no es una gripa que se cura al tercer día. De hecho, dicen los siquiatras, nunca se cura. Puede controlarse con tratamiento especializado, pero para eso primero hay que aceptar el problema. No estoy seguro que ella quiera curarse.
X@jaimelopezmtz



