El primer signo de la corrupción en una sociedad que aún está viva, es que el fin justifica los medios:
Georges Bernanos (1888-1948) Novelista francés
Claudia Sheinbaum convoca a la iniciativa privada a coinvertir 5.6 billones de pesos en obras de infraestructura durante los cuatro años y medio que le restan a su gobierno.
Pero en un país en el que la extorsión es el nombre del juego, parece complicado que alguien, quien sea, se decida a invertir su dinero.
En México extorsionan los cárteles, extorsionan los alcaldes, extorsiona el fisco y extorsionan los sindicatos.
Invertir en México significa que en las corridas financieras anuales se deba programar el pago por extorsiones a todos esos entes de poder. Al gobierno, por ejemplo, no le interesa que el empresario esté pagando al crimen organizado su respectiva cuota, porque también aplica la suya, disfrazada de impuestos, aunque hay los casos de alcaldes secuestrando y asesinando ciudadanos. Tequila, en Jalisco, es una patética prueba de ello.
Esa complicidad narcos-gobierno impide que las víctimas de extorsión osen denunciar: ¿ante quién o en qué oficina se puede denunciar, si regularmente los ministerios públicos son modelos de corrupción?
Por donde se le vea, la extorsión está presente culturalmente en la vida cotidiana de los mexicanos. Extorsionar es una especie de deporte favorito de los mexicanos, porque eso cada vez se ve más normal y quienes exigimos soluciones somos tildados de oportunistas.
Así, ya podrá la presidenta con A convocar al gran capital privado del país, pero éste es cada vez más reacio a involucrarse en la construcción de obra pública por razones más que obvias.
Y para que quede claro: poner pies en polvorosa con todo y el capital no es un acto de traición al país, sino de realismo ante la ausencia absoluta del estado de derecho. X@jaimelopezmtz



