La corrupción viene de la cabeza, de la creencia que el poder corrompe:
Norbert Bilbeny (1953-?) Filósofo español
La Comisión Estatal de los Derechos Humanos ha abierto una investigación en contra del ayuntamiento moreliano, acusándolo de participar en la difusión de imágenes -videos y fotografías- donde un joven apodado “Espagueti” lavaba muros públicos que previamente había ensuciado al escribir en ellos el nombre de su apodo.
Detenido en flagrancia mientras grafiteaba, un juez cívico determinó que la sanción sería que lavara los muros. Cuando lo hacía, fue captado por los medios de comunicación. La CEDH advierte que no está en desacuerdo con la sanción, sino con la difusión del hecho, ya que considera que ello afecta la imagen del joven grafitero. La comisión acusa al ayuntamiento de avisar a los periodistas el sitio y la hora del cumplimiento de la sanción. La Comuna dice que los medios llegaron por su cuenta. Hasta ahí los hechos al momento.
La CEDH nos está saliendo más papista que el Papa. Difundir las imágenes de “Espagueti” cumpliendo su sanción, no puede verse como una denigración. Es importante que quien infringe una norma no solo sea penalizado, sino que se difunda el hecho, porque toda sanción que impone el poder público tiene dos objetivos: el castigo en sí e inhibir conductas antisociales en la sociedad.
Se trata, cierto, de una falta de ínfima gravedad. “Espagueti” no mató a nadie, simplemente violó una disposición municipal y la sanción pareció proporcional. La CEDH se rasga las vestiduras, pero proteger al infractor solo lo envalentonará a seguir grafiteando en la vía pública. ¿Y si el Ombudsman mostrara la misma preocupación por los propietarios de los inmuebles grafiteados, que regularmente tienen que costear la reparación?
La institución tiene, además, un sinfín de asuntos un millón de veces más graves de los que podría ocuparse, pero que parece soslayar: miles de ejecutados, otros tantos de desparecidos; carencia de medicinas y de vacunas en el sector salud; estudiantes que reciben educación del más ínfimo nivel; decisiones judiciales por el suelo en términos de calidad en la impartición de justicia, y un larguísimo etcétera. Pero de nada de ello parece preocupado el Ombudsman. Dañar al alcalde Alfonso Martínez en año preelectoral, apunta a ser el objetivo de la repentina preocupación del Ombudsman para salir en defensa de un joven grafitero. X@jaimelopezmtz



