Ante una lista de candidatos se piensa que, felizmente, sólo puede ser elegido uno
Noel Clarasó (1899-1985) Escritor español
Bien hace el alcalde Morón en desempolvar el sospechosamente leonino caso de la concesión municipal a un particular para que operara el inmueble donde por muchos años funcionó la Central de Autobuses en las calles de Eduardo Ruíz, del primer cuadro moreliano.
Breve historia: el entonces alcalde Salvador López Orduña entregó en concesión a un particular el inmueble para que construyera ahí un estacionamiento público, con el supuesto incentivo de que el Municipio reubicaría en la zona algunas de sus oficinas y se evitaría que los vehículos se estacionaran en la zona aledaña.
Según reseña Gabriel Prado, secretario de Administración municipal, se gestionó un crédito ante Banobras por alrededor de 125 millones de pesos, para lo cual el entonces alcalde Fausto Vallejo decidió que el ayuntamiento firmaría como aval. Sí, ¡el gobierno siendo aval de un particular por 125 millones de pesos!
Y resultó, ya sabemos, lo que tenía que resultar: el estacionamiento es un fracaso y por tanto el propietario no tiene los recursos para pagar el crédito a Banobras, pero ello no le preocupa una pizca, dado que no está obligado a pagar nada, todo va por cuenta de las arcas municipales; Banobras se cobra a lo chino de las participaciones federales la friolera de 25 millones de pesos por año.
Todo, por la magnanimidad, la generosidad del ayuntamiento de Fausto Vallejo. El gobierno pagando la deuda de un particular.
Hoy, Raúl Morón está buscando revocar el grosero acuerdo. Le asiste por completo la razón y lo deseable es que lo logre. Pero al margen de ello, lo consiga o no, debe exigírsele también que indague, vía su propia Contraloría o bien dando vista a la Auditoría Superior, sea estatal o federal, si hubo, como se presume, algún acto de corrupción en esa sospechosa concesión y, sobre todo, en la autorización para que el ayuntamiento fungiera como aval ante Banobras. ¿Hubo un súper moche? Urge dilucidarlo.
Tiene en el propio Prado alguien que se ha convertido en un seguidor con lupa de posibles triquiñuelas. Esta ya era conocida, pero es importante no dejarla morir, sino todo lo contrario, volver a ponerla en la palestra. La concesión como tal no era en sí indignante, pero sí el aval municipal. No sé si fue ilegal, pero no hay duda alguna de que fue absolutamente inmoral. Ojalá Morón no termine dándole una salida políticamente correcta. Veremos hasta donde llega.
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