Hay tres jueces agazapados en el fondo de todas las conciencias: el honor, la verdad y la justicia:
Honoré de Balzac (1799-1850) Dramaturgo francés
Claudia Sheinbaum cometería un craso error, acaso el peor de su sexenio, si ordena al INE y al TRIFE que le sea negado el registro como partido político a México Libre.
Se trata del movimiento encabezado por Guadalupe Acosta Naranjo, pero que ha concitado un masivo respaldo de intelectuales, políticos de diversa ideología, y representantes de toda clase de sectores sociales, con un común denominador: el hartazgo hacia la dictadura fáctica de la 4T.
Acosta y los organizadores cumplieron toda la tramitología contemplada por la ley para solicitar finalmente la autorización al INE para constituirse en partido político, pensando en participar en las elecciones intermedias del 2027.
Pero se conoce que la presidenta ya ha maniobrado para que el INE no autorice el trámite a México Libre, y luego para que el TRIFE rechace la obligada judicialización del trámite. Hasta hace poco, sería impensable suponer que los órganos electorales acataran instrucciones de Palacio Nacional, por su calidad de autónomos e independientes. Hoy, ya se sabe, no lo son, y responden a los intereses del partido en el poder.
Pero Sheinbaum jugaría con fuego: es probable que minimice el impacto de una medida de ese tipo. Solo en los regímenes dictatoriales se impide partcipar a opositores sólidos: Nicolás Maduro cerró la puerta a María Corina Machado en Venezuela y en Nicaragua Daniel Ortega metió a la cárcel a todos sus opositores cuando llegó la hora de las elecciones presidenciales.
Todo apunta a que Sheinbaum pretende seguir sus pasos. Sería una maniobra tan fascista como innecesaria: México Libre no está planificado para obtener el poder en el 27, aunque sí en el 30. Una eventual negativa a su registro, podría generar una insurrección ciudadana de imposible augurio en su desenlace. Podría ser su Waterloo.
X@jaimelopezmtz



