Vota por aquel que prometa menos; será el que menos te decepcione:
Bernard M. Baruch (1870-1965) Financiero estadunidense
La aplastante victoria del PRI en las elecciones locales de Coahuila este domingo, tiene sin duda multiplicidad de factores que la pueden explicar, desde que el gobierno de Manuel Jiménez es exitoso; que Morena pecó de soberbia; que el PRI nominó buenos candidatos; que Andy López y Luisa María Alcalde fueron un desastre como operadores y por eso ambos fueron removidos; que fue un voto de castigo contra la corrupción cuatroteísta; que se trata del efecto Rocha Moya, y un largo etcétera. Son todos argumentos sólidos y razonables.
Pero hay un factor en el que casi nadie ha reparado y que es, me parece, el medular, el que explica la paliza del PRI a Morena en Coahuila: la no injerencia del crimen organizado.
Y es que a contrapelo de la inercia nacional, Coahuila es quizá, junto con Yucatán y Aguascalientes, la única entidad donde los cárteles de la criminalidad no parecen haber tomado el control de la vida de la ciudadanía y, por ende, donde no tienen bajo su influencia las elecciones locales.
En el resto de los estados, los cárteles dominan a placer desde la selección de candidatos hasta la definición de los resultados de los comicios. Las excepciones parecen ser los tres estados señalados.
El triunfo priísta, bajo esa lógica, vendría entonces a corroborar que donde el crimen no controla las elecciones, Morena no tiene garantizado el triunfo, como en el resto de las entidades.
Es decir, más allá de análisis políticos, la realidad es que el resultado de Coahuila corrobora lo que es de dominio público: Morena requiere sí o sí a los cárteles para ganar. Donde aquellos son razonablemente controlados por el gobierno, Morena sufre para ganar.
El problema es que Morena y el gobierno han tomado nota de la debacle dominguera y harán todo lo que deban hacer para que no les vuelva a suceder en el 27. Es decir, reforzará sus vínculos con los cárteles. Si no, al tiempo! X@jaimelopezmtz


