La ambición de poder es una mala hierba que solo crece en el solar abandonado de una mente vacías:
Ayn Rand (1905-1982) Filósofa y escritora rusa
Lo preguntaré con todo el respeto que la memoria de una dama merece, pero también con la firmeza de quien recela estando seguro de sus argumentos: ¿qué razones, sino las estrictamente de conveniencia política, hubo para que los diputados michoacanos decidieran colocar con letras de oro en la sede legislativa el nombre de la señora Amalia Solórzano?
A mi entender, son escasas, muy escasas. Tanto, que a la altura de sus merecimientos hay miles de mujeres y hombres michoacanos, y si les hacemos justicia a todos ellos, sus nombres no cabrían en los amplísimos muros del salón de plenos del Congreso.
Se trató, sin duda, de un acto de zalamería de los diputados y del propio gobierno estatal para con el apellido Cárdenas, ese que entre la clase política michoacana, toda ella, sin distingo, la sola evocación equivale casi a un fanatismo religioso. Nadie, de entre los políticos, tendrá la osadía de oponerse a que alguien ligado al clan Cárdenas sea elevado a los altares de la beatificación. Si es Cárdenas, directa o indirectamente, nadie se opone. Todo mundo quiere quedar bien con “el ingeniero” y sus descendientes.
La señora Solórzano fue una discretísima primera dama en el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río. Lo de discreta se agradece, desde luego, pero esa no puede ser una razón para escribir su nombre con letras de oro en la sede legislativa. Por lo demás, el apellido Cárdenas es equivalente al cacicazgo, el nepotismo y el atraso histórico de nuestro estado.
Me queda claro que esta legislatura se fue por el camino fácil: ensalzar a alguien que nadie objetaría y que serviría para que todo el mundo se alzara el cuello. Son tiempos electorales y todo cuenta.
X @jaimelopez


