LOS TEMORES DE AMÍLCAR

Lo que las leyes no prohiben, puede prohibirlo la honestidad:

Séneca (4 a. C. – 65 d. C.) Filósofo romano

Jorge Amílcar Olán Aparicio anda a salto de mata. Pero no se esconde porque tenga alguna orden de aprehensión en su contra, porque no la hay, sino por temor a ser asesinado.

Tampoco es mucho de darle la vuelta: él sabe cómo se las gasta este gobierno, sobre todo cuando de cuidar a los encumbrados de casa se trata.

Por eso huyó de México con rumbo a donde suponía que nadie lo iba a encontrar, Lugano, Suiza, lugar de ensueño reservado para multimillonarios como él. Para su mala fortuna, TV Azteca recibió el pitazo anónimo con relación a su ubicación. Me sumo a los que lo atribuyen al propio gobierno. Como sea, sintiéndose descubierto, emprendió la huida pese a no tener en su contra ni siquiera una orden de aprehensión.

Más claro, ni el agua: el amigo de las mocedades de los hijos de López Obrador sabe que su vida está en riesgo. Sabe que al menos media docena de oficiales de la Marina involucrados en el huachicol fiscal han muerto “por accidentes” o “por suicidio”. Sabe que este gobierno no se toca el corazón si de proteger a uno de suyos se trata, más si es el hijo del patrón.

Amílcar no debe temerle al gobierno mexicano por el dinero que no declaró, ni por la corrupción que le permitió llevarse tres mil millones de pesos, pero sí porque ese gobierno teme que Estados Unidos lo atrape y lo obligue a ofrecer información comprometedora sobre la corrupción en los gobiernos de la 4T.

A eso le teme Claudia Sheinbaum, a eso le teme López Obrador, a eso le teme Andy. De ahí, pues, la justificación de su huida. Su vida está en riesgo. Si no, al tiempo. X@jaimelopezmtz

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