MAGAÑA Y EL CARGO DE CONCIENCIA

La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo:

Platón (427 a. C. – 347 a. C.) Filósofo griego

El diputado y ex presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Juan Antonio Magaña de la Mora, ha emprendido una cruzada para defender jurídica y políticamente a veintisiete abogados que formaban parte del Poder Judicial michoacano y que perdieron su trabajo con la dictatorial reforma judicial que derivó en la llegada de los bien llamados jueces del acordeón. A aquellos se les estaría regateando la liquidación a que por ley tienen derecho.

Visto así, sin mayor contexto, pareciera loable la tarea que se ha echado a cuestas Magaña de la Mora, buscando que sus ex compañeros de oficina sean liquidados con apego a derecho.

Loable, sí, de no ser por un nimio detalle: Magaña, como diputado, no tuvo rubor en votar a favor de la reforma judicial promovida por el Ejecutivo estatal, que dio paso a la pulverización de la autonomía e independencia del Poder Judicial michoacano, en consonancia con la reforma nacional ordenada por el dictador Andrés Manuel López Obrador.

Magaña no fue capaz siquiera de abstenerse a la hora de votar, pese a que con ese voto no solo se aniquilaba al Poder Judicial profesional, serio, independiente, sino que se acuchillaba a todos los jueces y magistrados de carrera, los que llegaron a la cima con base en la cultura del esfuerzo, solo para ver que eran suplidos por abogados ignorantes vueltos “jueces” por obra y gracia de la 4T. Cierto, el voto de Magaña en ningún sentido habría sido definitivo, porque la aplanadora cuatroteísta del Congreso estaba lista para desquitar los quinientos mil pesos que cada uno de sus integrantes percibe al mes.
Pero el de Magaña era el voto de la dignidad y perdió esa oportunidad dorada. El suyo fue un voto de traición a su gremio, a sus compañeros de juzgados de más de tres décadas.

¿Con qué cara puede el diputado verde ver a los ojos de esos veintisiete jueces, si en su momento él los acuchilló votando por la reforma?

Bajo cualquier otra circunstancia, reitero, sería plausible la actitud de Magaña al encabezar una cruzada en pro de los derechos de esos jueces. A la luz de la realidad, ese apoyo ahora suena a burla para sus ex colegas. No por nada la ética y la moral son prendas personales tan difíciles de localizar entre los políticos. Magaña cargará siempre con el fardo de la traición a su gremio. Ahora parece querer lavarse la cara y quizá en un acto de remordimiento trate de expiar culpas. Demasiado tarde. X@jaimelopezmtz

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