Es un mal ejemplo no observar la ley, sobre todo por parte del que la ha hecho:
Maquiavelo (1469-1527) Diplomático italiano
Pocos políticos hay en nuestro medio tan justificadamente cuestionados, como Gerardo Fernández Noroña. El tipo se ha ganado el rechazo casi generalizado por su proclividad a la mentira y al abuso de poder en todos sentidos. Desde luego, adolece de la más elemental credibilidad como figura pública.
Empero, creo que por primera vez en su vida, le asiste toda la razón: descalificó la resolución del Tribunal Electoral de Michoacán, que por unanimidad definió que Noroña cometió violencia política en razón de género en contra de la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, al afirmar que al asumir la función “se le despertó” la ambición política y que critica a Raúl Morón por ser un aspirante a la gubernatura.
No es fácil coincidir con Noroña, pero en esta ocasión está en lo correcto: como él advierte, si ese mismo señalamiento se le hiciera a un político, nadie diría nada, se tomaría como parte del debate político y la crítica imprescindible en la libertad de expresión. Pero como se trata de una mujer, entonces el criterio varía y se considera que una opinión como la señalada es violencia política en razón de género.
No hay ningún argumento del TEEM para justificar su resolución, dice Noroña, y tiene razón, como también la tiene cuando advierte que es altamente peligrosa una medida como esa, de sentenciar a un político como violentador de mujeres solo por ejercer su derecho a la libre expresión de las ideas. Nos gusten o no, coincidamos o no, deben respetarse todo tipo de señalamientos y críticas. No hacerlo, sería instalarnos en una dictadura.
Es evidente que Grecia Quiroz se equivocó al acusar a Noroña, porque no puede esconderse en la figura de la violencia política en razón de género para asegurarse impunidad. Es figura pública y como tal no puede tener la piel tan sensible ante las críticas.
Y tiene razón Noroña cuando plantea lo injusto que es que un hombre no puede cuestionar a una mujer en la política, y en sentido inverso no hay ningún tipo de limitantes.
Y es que al amparo de esa ley, una mujer en la política podrá robar, mentir, corromperse, ser ineficaz, pero nadie puede cuestionarla por ello porque le bastará con denunciar a quien emite el pronunciamiento y asunto arreglado. La impunidad, pues, está garantizada pero sólo aplica para las mujeres. Y eso, aquí y en China, es injusto. Es la entrada a un fascismo que a todos escandaliza, pero que nadie parece tener las agallas para frenar.
X@jaimelopezmtz


