La diplomacia es el arte de conseguir que lo demás hagan con gusto lo que uno desea que hagan:
Dale Carnegie (1888-1955) Escritor estadounidense
Este martes habló Donald Trump en la sesión del Consejo General de la ONU, muy a su estilo tronante contra México y su gobierno: es el país, dijo, epicentro de los cárteles de la criminalidad a nivel mundial.
Reiteró que México es gobernado por los delincuentes, que si bien hay cooperación con Claudia Sheinbaum, de este lado del Bravo no hemos hecho prácticamente nada por castigar a los narco políticos. Dedicó casi la mitad de su discurso ante la ONU para descalificar a nuestro país y al gobierno de Sheimbaum. Nada nuevo ni nada irreal, por cierto.
Y en el mismo foro, minutos después habló el canciller mexicano Roberto Velasco. Se esperaba una defensa hacia México y su presidenta luego de la zarandeada de Trump.
Pero por inverosímil que parezca, Velasco aprovechó sus minutos ante el micrófono para recriminar que la ONU no tenga como prioridad la defensa de los derechos de la comunidad lésbico-gay. El país es vapuleado en la ONU por Trump, y a su canciller no se le ocurre la posibilidad de salir en la defensa del gobierno para el que trabaja. Y mejor enfoca sus baterías en un tema que pueden tener su dosis de razón, pero que palidece frente a la grave problemática nacional.
Afinidades sexuales aparte, siempre respetables, es claro que un canciller mexicano no puede perderse en ese tipo de temas, baladíes frente a la complejísima relación con Estados Unidos. Es el resultado de designar funcionarios siguiendo aquello del noventa por ciento lealtad y diez por ciento capacidad y experiencia. Patético lo de nuestro flamante canciller. X@jaimelopezmtz


