Los derechos humanos es la única ideología que merece sobrevivir:
Simón Wiesenthal (1908-2005) Sibreviviente austrohúngaro del holocausto nazi
A un año de distancia, el Plan Michoacán sigue siendo un rosario de buenos deseos, medidas populistas y un un monumento de cifras alegres. Anunciado con bombo y platillo por el gobierno federal tras el asesinato de Carlos Manzo, a la vuelta de 365 días no hay en los hechos nada cercano a un “plan”, pero su anuncio fue lo único que se le ocurrió a Claudia Sheinbaumpara contener la ira ciudadana tras el magnicidio.
Se presentó con engaños, como si fueran a invertirse a través del plan, cuarenta mil millones de pesos, supuestamente para aplicarlos en programas sociales que deshinibieran la criminalidad y los elevadísimos niveles de violencia e inseguridad en la entidad.
Pero rápido quedó claro que en realidad solo se hizo una sumatoria de los presupuestos ordinarios de cada dependencia federal contemplados para ejercerse en este 2026, en la entidad y luego de manejó tramposamente como inversiones extraordinarias. La patraña no tardó mucho en ponerse al descubierto.
Acaso lo único novedoso y rescatable del Plan Michoacán son las becas a estudiantes de nivel básico y medio superior, aunque obviamente no inciden en absoluto en una reducción de la criminalidad. No tendría porqué, pero esas becas, aunque medida populista, al menos resultaron un apoyo económico para familias humildes. Fuera de eso, nada. Las clínicas y hospitales del IMSS que se construyen, ya estaban comprometidos desde antes del homicidio de Manzo.
Pero el Plan Michoacán tuvo, en teoría, como eje central el combate a la criminalidad. Huelga precisar que en ese rubro, no hay un solo elemento informativo creíble y sólido que evidencie avances.
La semana próxima, Sheinbaum presentará un informe oficial del Plan. No es difícil augurar el sentido de ese informe. Pero en los hechos, la criminalidad está igual o peor que el año pasado. Solo en las estadísticas oficiales ha disminuido. Solo es cosa de salir a las calles a conocer la realidad. Detrás de un escritorio y en la comodidad de una oficina gubernamental, la realidad suele distorsionarse.
X@jaimelopezmtz


