Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad:
Miguel Delibes (1920-2010) Novelista español
La caída en las preferencias electorales hacia su movimiento y en sus niveles de popularidad y aceptación, ha prendido los focos rojos en Claudia Sheinbaum y la llevado a hacer uso del rómpase en caso de emergencia: una reforma electoral tramposa, antidemocrática y de corte absolutamente dictatorial.
Solo así puede calificarse la reforma que comenzó a ventilarse en San Lázaro, aunque en realidad sean dos que corren en paralelo: la que ordenará al INE la creación de una comisión especial que dictamine si los perfiles registrados por los partidos políticos para que contiendan por algún cargo de elección, son “probos”, lo que sea que eso signifique. Y dos, la reforma que permitirá a los órganos electorales, por entero doblados a la 4T, anular una elección cuando se considere que hubo “injerencia extranjera”, también lo que cada quien entienda por el término.
Con esas dos reformas ordenadas por Sheinbaum a sus siempre obsequiosos diputados, Morena se asegura la permanencia en el poder entre veinte y treinta años…mínimo, porque cuando pierda una elección -lo que hoy es cada vez más probable-, le bastará apretar cualquiera de los dos botones de que dispondrá: el número uno será para sacar de la jugada a cualquier aspirante opositor “peligroso”, que pueda ganar, con señalamientos del INE de que no es “honorable”. Y el botón dos dirá que hay que anular la elección donde perdió Morena, porque hubo expresiones injerencistas desde el extranjero, que influyeron en el resultado.
Como se ve, Morena, Sheinbaum más en específico, ha decidido dar los temerarios y tiránicos pasos para asegurarse larga vida en el poder: cuando Morena pierda en las calles una elección, la ganará en la mesa. Y aún hay quien duda que hemos entrado a una dictadura. X@jaimelopezmtz


