No es tarea fácil dirigir a hombres; en cambio, empujarlos es muy sencillo:
Rabindranath Tagore (1861-1941) Filósofo y poeta bengalí
Para no pocos, el “discurso” de Claudia Sheinbaum el domingo en la capital del país, si no fue una declaración de guerra a Estados Unidos, estuvo a nada de serlo. Ni los más avezados analistas políticos alcanzar a entender las razones del esquizofrénico mensaje: advirtió, primero, que no entregará a Rocha Moya, luego anticipó que vendrán más acusaciones yanquis contra narco políticos morenistas, y remató acusando al gobierno de Trump de tratar de influir en las elecciones mexicanas.
Pues la respuesta allende el Bravo no tardó en llegar: a primera hora del martes el propio Donald Trump volvía a cuestionar porqué la protección de Sheinbaum a los cárteles. Dijo no entenderlo, todavía como una salida diplomática, quizá la última, porque sabe la respuesta como la sabemos todos los mexicanos: porque Morena y el narco no se entienden el uno sin el otro.
Pero lo verdaderamente preocupante para Sheinbaum, vino al mediodía, en voz de la jueza de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, Katherine Polk.
En una audiencia, la primera, con el general Gerardo Mérida Sánchez, secretario de seguridad del gobierno de Raúl Rocha Moya y que decidió entregarse a la justicia estadounidense antes de que ésta viniera por él o que en México fuera asesinado por el partido en el poder para acallarlo, la jueza Polk requirió solo cinco minutos para enviar una bomba a Palacio Nacional.
Sheimbaum se ha escudado en exigir pruebas a Estados Unidos sobre la culpabilidad de Rocha y el resto de narco políticos sinaloenses. “Hay pruebas abundantes”, dijo la jueza, y asegundó que el caso del general Mérida anticipa “las olas” que se vienen, en alusión directa a las siguientes acusaciones norteamericanas contra muchos más narco gobernantes morenistas.
El anuncio de la jueza Polk pega directamente en la línea de flotación de Sheinbaum y de su gobierno. Pero ella no puede decirse sorprendida: exige pruebas un día sí y otro también, pues Polk, que obviamente ya conoce las primeras declaraciones del general Mérida, avisa que ¿quieren pruebas?, pues las tiene, y “abundantes”. X@jaimelopezmtz


