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martes, mayo 28, 2024

RUINDADES

En una dictadura sus deseos y pensamientos no tienen importancia, usted no es nadie y debe vivir como dicten otras personas que desean y piensan por usted.

Stephen Vizinczey (1933-2021) escritor húngaro

Como ruindad, es la única manera de calificar la orden de Andrés Manuel López Obrador para que se difundiera sin testar la investigación judicial relacionada con la muerte de Carlos Márquez Padilla, esposo de María Amparo Casar, ocurrida hace más de dos décadas.

La historia es conocida de sobra: Márquez, funcionario de Pemex, cayó de un doceavo piso en un edificio de la paraestatal en la capital del país. Nunca pudo confirmarse si fue homicidio, accidente o suicidio. En su calidad de viuda, Casar, presidenta de la Fundación Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, recibió desde ese tiempo una pensión contemplada en los reglamentos del organismo.

Cobró la pensión hasta hace unos tres meses, en que sin aviso de por medio, dejó de recibirla. Hoy se sabe que fue decisión expresa de López Obrador, como represalia por la actitud crítica que Casar y su Fundación siempre han tenido hacia su gobierno en temas de corrupción e impunidad. Habrá que aclarar que es la misma actitud que ha asumido con los antecesores del tabasqueño,  Calderón y Peña Nieto. Es decir, no ha sido privativa con el gobierno de la 4T, sino propia de una académica y su fundación dedicada a barrer debajo de la alfombra gubernamental.

Esa actitud sistemática de Casar le ha causado urticaria al dictador López Obrador, pero la gota que derramó el vaso fue la presentación, la semana pasada, del nuevo libro de ella, Los Puntos Sobre las Íes, en que desnuda la corrupción cuatroteísta, confirmando que el presidente sí miente, sí traiciona y sí engaña. Eso fue más de lo tolerable para López Obrador, quien raudo ordenó difundir el referido expediente sobre la muerte del esposo de Casar, amén de que ya le había a ella quitado la pensión de Pemex.

Al difundir dicho documento, el presidente viola cuanta normatividad hay relacionada con la protección de datos personales, pero es tal su ira contras María Amparo, que ello no fue obstáculo para cobrar venganza. Si existía alguna irregularidad en la pensión, debió procesarse administrativamente, pero está claro que López Obrador no busca corregir nada, sino cobrar venganza al costo que sea.

El hecho le pinta de cuerpo entero: no solo es un violador consuetudinario de la ley, sino un ser  con sed incontenible de venganza. Exhibir temas puntuales de una familia, en un tema tan sensible, solo es propio de una persona ruin. López Obrador lo es.

Y a la pesadilla ya solo le quedan 158 días.

X@jaimelopezmtz

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