La corrupción no se disculpa, no se perdona; se combate, se castiga, sino se convierte en impunidad:
Anónimo
La permanencia de Guadalupe Taddei es ya insostenible. No hay manera de que siga presidiendo el organismo que, en teoría, debiera ser un modelo de pulcritud dado su papel de organizador y calificador de las elecciones.
El agua le ha llegado al cuello a la presidenta del Instituto Nacional Electoral, como resultado de su incontrolable orientación a la corrupción, ya documentada más que de sobra.
El problema es que la decisión de que Taddei deje el INE, antes de que le haga a éste más daño aún con su fama pública, depende única y exclusivamente de la 4T, o de Claudia Sheinbaum si se quiere. La 4T la puso en el INE y ahí ella se ha despachado con la cuchara grande. Solo la 4T tiene las dimensiones en el Poder Legislativo como para votar por la remoción de Taddei. Solo que ella es vista ya como “de casa”, y la 4T a los de casa les tolera y permite todo, desde abusos a corrupciones groseras. Y si llegan a ser evidenciados por los medios de comunicación, apelan al infalible volver la mirada a otro lado y, en caso extremo, inventar algún escándalo que opaque los “periodicazos”.
La sonorense no solo adolece de la capacidad y eficacia para conducir al INE, sino que ahora está impedida ética y moralmente para ello, luego de salir a la luz sus tropelías, enfocadas medularmente en la contratación de servicios a empresas fantasmas, con una clara intención de obtener ventajas financieras a través de una red de prestanombres.
Ser árbitro obliga a tener la calidad moral para acreditar un resultado, en este caso electoral. La proclividad a la corrupción, le impide a Taddei mantenerse al frente del INE.
¿Con qué autoridad moral conduciría el proceso electoral a buen puerto? No la tiene. De por sí el instituto pasa su peor época de credibilidad y confianza, y Taddei parece empeñada en aportar lo que a ella competa para fortalecer esa imagen. ¿Por cuánto tiempo más tolerará Sheimbaum a Taddei? Veremos.
X@jaimelopezmtz


