TORRES PIÑA: ¿LA TERCERA SEA LA VENCIDA?

Un político piensa en las próximas elecciones; un estadista, en la próxima generación: 

James Freeman Clarke (1810-1888) Teólogo estadounidense

Que Carlos Torres Piña haya sido designado candidato de Morena a la gubernatura, previa aduana necesaria para aparentar que no se viola la ley, denominada eufemísticamente Coordinación para la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, lo que sea que eso signifique, puede considerarse como relativamente normal.

Al final de la carrera morenista llegaron únicamente dos personajes con posibilidades reales: si se decidía que fuera mujer, no había otra que Fabiola Alanís. Caso contrario, Torres Piña. Los demás se fueron quedando en el camino. El más fuerte hasta noviembre anterior, Raúl Morón, se volvió el más inviable tras el asesinato de Carlos Manzo. Después de noviembre del 25, Morón no existió más.

Y paradójicamente, Torres Piña, que en ese tiempo tenía nulas posibilidades, de ahí que fuera enviado por el gobernador Bedolla a la Fiscalía para cuidar las espaldas al saliente gobierno, vio renacer expectativas con el magnicidio de Manzo, no solo porque Morón murió políticamente ese día, sino porque como Fiscal tenía los elementos a la mano para aprovechar, y de hecho manipular las investigaciones del crimen, posicionándose él y tratando de sepultar a Morón y a Grecia Quiroz.

Torres Piña no es el perfil ideal si se considera que las dos únicas elecciones en que ha participado, la interna de Morena para buscar ser Senador en 2023, y la constitucional por la Alcaldía moreliana un año después, las perdió y ni siquiera por reducido margen, pese a llevar en las dos contiendas las alforjas repletas de recursos. Tampoco es que las bases morenistas lo idolatren: se le considera un oportunista por su reciente pasado perredista, desde donde endilgaba sonoras, y fundadas, críticas a López Obrador, el “dios” de los duros de la 4T.

Pero aun así, lo cierto es que lideró todo el tiempo las encuestas más serias. Eso, y la cercanía que labró inteligentemente con Omar García Harfuch, le abrieron el camino a la candidatura. No arrancó con un buen mensaje: se ciñó al trillado y demagógico “defender la soberanía de los embates internacionales”, esa telaraña mental que los cuatroteístas siguen como mantra aunque la mayor parte de ellos no entienda el significado. Es de esperarse que se haya decantado por ese tipo de mensajes, como señal de agradecimiento e identificación, confío que ficticia, con el populismo morenista, pero que rápido se ubique en Michoacán y sus gravísimos problemas, no en sandeces propias del gobierno de la 4T. Por lo pronto, ya el oriundo de Paracho duerme como candidato y sueña con la gubernatura, ciertamente viable, aunque no garantizada.  X@jaimelopeMtz

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