ESTUDIANTES MICHOACANOS: ENTRE PANTALLAS E IA

La afectación cognitiva infantil por el uso de pantallas dejó de ser un debate especulativo. Existe un cuerpo creciente de evidencia científica, institucional y ahora también judicial que documenta cómo el uso intensivo de pantallas, celulares y redes sociales interviene en el desarrollo cognitivo, emocional y social de niñas, niños y adolescentes. El fenómeno atraviesa toda la trayectoria formativa de una persona, desde la primera infancia hasta la adolescencia, y se ha sumado recientemente una dimensión todavía más inquietante para el ámbito educativo: la dependencia de asistentes de inteligencia artificial que sustituyen procesos mentales necesarios para el pensamiento independiente. Michoacán vive este problema en un contexto particular. Desde julio de 2025, el Congreso del Estado incorporó el artículo 83 bis a la Ley de Educación, que obliga a la Secretaría de Educación en el Estado a elaborar un protocolo de uso de inteligencia artificial en educación media superior y superior. Ese mandato legal permanece sin cumplirse mientras la autoridad educativa concentra su atención en la restricción del celular dentro del aula, una medida necesaria pero insuficiente frente a la magnitud del problema que la evidencia describe.

El consenso internacional sobre la primera infancia es categórico. Unicef y la Organización Mundial de la Salud han señalado que, en menores de seis años, el tiempo frente a cualquier pantalla no aporta nada a su desarrollo cognitivo y puede inhibir su capacidad para leer gestos e interpretar señales no verbales, habilidades centrales para construir empatía. Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México coinciden en que el uso excesivo de dispositivos durante esta etapa puede afectar el desarrollo motor, cognitivo, lingüístico y socioemocional, aunque matizan que el acompañamiento adulto y la regulación del tiempo de exposición determinan el impacto real. Un estudio longitudinal realizado en Singapur durante más de una década encontró alteraciones en redes cerebrales clave asociadas al uso de pantallas antes de los dos años. Para la niñez escolar, un estudio publicado en The Lancet Child and Adolescent Health sobre 4,520 niños estadounidenses de entre ocho y once años encontró que solo uno de cada veinte cumplía simultáneamente las recomendaciones de sueño, actividad física y tiempo de pantalla, y que superar las dos horas diarias se asociaba a un desarrollo cognitivo medible menor. En Inglaterra, restringir el celular en el salón de clases elevó en 6.4 por ciento los resultados en pruebas estandarizadas, con el mayor beneficio concentrado en el alumnado de menor rendimiento.

En la adolescencia el mecanismo cambia de naturaleza. La Asociación Española de Pediatría explica que en esta etapa concluye la maduración del sistema límbico y de la corteza cerebral, y que los medios digitales interfieren de dos formas simultáneas: aumentan la activación de la región límbica mediante sistemas de gratificación inmediata propios del diseño de las redes sociales, y disminuyen la actividad de la corteza frontal por desplazamiento de los estímulos adecuados para la edad. En Estados Unidos se emitió una advertencia formal en el mismo sentido, al afirmar que las redes sociales carecen de evidencia suficiente para considerarse seguras para niñas, niños y adolescentes. A este cuadro se suma la llamada deuda cognitiva, término acuñado por una investigación del MIT Media Lab liderada por Nataliya Kosmyna, que monitoreó durante cuatro meses a 54 estudiantes universitarios de Boston mediante electroencefalografía de alta densidad. El grupo que dependió de inteligencia artificial para escribir ensayos presentó hasta 55 por ciento menos conectividad neuronal que el grupo sin asistencia, y 83 por ciento de sus integrantes fueron incapaces de recordar minutos después el contenido del texto que acababan de escribir, frente a apenas 11 por ciento en los otros grupos. La corteza prefrontal y los sistemas de memoria de niñas, niños y adolescentes maduran precisamente durante los años en que reciben, sin acompañamiento pedagógico, tanto pantallas de entretenimiento como asistentes que piensan por ellos.

El debate empieza a tomar forma de política pública y eso constituye una fuerza real a favor de la niñez michoacana. El Consejo Nacional de Autoridades Educativas aprobó por unanimidad, en su Tercera Reunión Nacional Plenaria Extraordinaria, restringir totalmente el uso del celular durante toda la jornada escolar en primaria y secundaria a nivel nacional a partir de octubre próximo, dejando a cada comunidad de media superior y superior la definición de sus propias reglas. Michoacán participó en ese acuerdo. La propia Secretaría de Educación en el Estado ha anunciado un foro regional sobre pantallas, con asistencia estimada de mil personas y posible participación de Jalisco, Colima y Nayarit, que sondea ya a especialistas en psicología, seguridad cibernética y exdirectivos de plataformas digitales. Existe además un litigio internacional de proporciones históricas contra la industria tecnológica: para octubre de 2026 están programados juicios de referencia contra YouTube, Snap y Meta, y para febrero de 2027 un juicio federal que agrupa las demandas de decenas de distritos escolares estadounidenses, junto con un proceso estatal en Tennessee que busca obligar a Meta a modificar elementos de Instagram señalados como dañinos para la salud mental adolescente. Esa acumulación de evidencia judicial refuerza, desde otro ángulo, lo que la ciencia del desarrollo ya documentaba.

La fuerza institucional descrita convive con una omisión que compromete su eficacia. La Secretaría de Educación en el Estado no ha contactado a Mexicanos Primero Michoacán para integrar las mesas de análisis del foro sobre pantallas, la cual se sostiene desde que Yarabí Ávila González dejó de ser titular de la dependencia. Las administraciones sucesivas tampoco han convocado, hasta donde tenemos conocimiento, a organizaciones equivalentes de sociedad civil especializadas en derechos educativos de la infancia, pese a que el tema toca de manera directa su campo de trabajo. La omisión más grave es estructural: la autoridad mantiene inactivo el Consejo Estatal de Participación Escolar en la Educación, mecanismo previsto precisamente para canalizar de forma permanente la voz de madres, padres, docentes, especialistas y organizaciones civiles en decisiones de esta naturaleza. Convocar foros específicos funciona como ejercicio de escucha puntual, pero sin un consejo activo la participación social en la educación michoacana queda sujeta a la voluntad coyuntural de cada funcionario en turno. El resultado previsible, de mantenerse esta lógica, es un protocolo estatal de inteligencia artificial y una regulación de celulares diseñados sin la experiencia acumulada de quienes documentan a diario los efectos de estas tecnologías en las aulas.

Ninguna empresa acepta litigar por cientos de millones de dólares frente a un riesgo que no existe, y esa sola constatación debería bastar para que la política educativa michoacana trate el problema de las pantallas con la urgencia de un asunto de salud pública y de derechos de la niñez. La evidencia recorre un arco que va de la neurociencia del desarrollo a los tribunales estadounidenses, pasando por organismos internacionales, universidades nacionales y estudios longitudinales de más de una década, y converge en una misma conclusión: la exposición temprana y sin acompañamiento a pantallas, celulares, redes sociales y ahora asistentes de inteligencia artificial compromete capacidades cognitivas que tardan años en formarse y que resultan difíciles de recuperar una vez debilitadas. Michoacán cuenta ya con un mandato legal específico para atender la dimensión de inteligencia artificial en la educación media superior y superior, y con un acuerdo nacional recién aprobado para restringir el celular en la educación básica. Lo que falta no es evidencia ni marco normativo. Falta la arquitectura institucional que traduzca ambos en una política construida con la comunidad educativa, y no exclusivamente desde el escritorio de la autoridad.

Es inaplazable que, la Secretaría de Educación en el Estado cumpla el mandato del artículo 83 bis y publique, con calendario público y sujeto a evaluación posterior, el protocolo de uso de inteligencia artificial en educación media superior y superior. En segundo término, proponemos que la reglamentación estatal derivada del acuerdo nacional sobre celulares incorpore criterios pedagógicos diferenciados por edad, en lugar de replicar de manera uniforme una medida punitiva, y que su implementación considere el acompañamiento docente necesario para sostenerla en el aula. En tercer término, proponemos la reactivación inmediata del Consejo Estatal de Participación Escolar en la Educación, con integración plural y funcionamiento periódico verificable, como condición previa a cualquier foro adicional sobre pantallas y tecnología educativa. En cuarto término, proponemos que la autoridad convoque a las organizaciones civiles especializadas en derechos educativos de la infancia a integrar las mesas de análisis ya anunciadas, con seguimiento público de la incorporación de sus aportaciones.

La ventana de oportunidad está abierta y depende de decisiones que la autoridad educativa michoacana puede tomar en las próximas semanas. El foro regional sobre pantallas se realizará a más tardar en octubre, la restricción nacional del celular entra en vigor el mismo mes, y el mandato legal sobre inteligencia artificial en educación cumplirá más de un año de vigencia sin protocolo. Convocamos a la Secretaría de Educación en el Estado a abrir formalmente sus mesas de trabajo a la sociedad civil especializada, a reactivar el Consejo Estatal de Participación Escolar en la Educación como estructura permanente y a publicar con transparencia el estado del protocolo de inteligencia artificial que la ley le exige desde julio de 2025. Convocamos también al Congreso del Estado a dar seguimiento legislativo al cumplimiento del artículo 83 bis, y a madres, padres, docentes y comunidad universitaria a exigir, cada uno desde su ámbito, que la regulación de pantallas en la infancia michoacana se construya con evidencia y con participación real. La neurociencia, la pediatría y los tribunales han hablado con claridad. Corresponde a la autoridad educativa de Michoacán escuchar y corresponde a la sociedad civil seguir exigiendo que esa escucha se traduzca en política pública verificable.

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