Uruapan, Morelia, Zamora y Jacona se encuentran entre los 50 municipios más violentos del país, en tanto Aguililla, Coalcomán y Tepalcatepec sufren las disputas territoriales
Obispos de las diócesis de Michoacán externaron su preocupación por la actual situación que enfrenta Michoacán en lo social, político y de seguridad, su solidaridad por quienes sufren y la oración permanente, así como la voluntad de servicio y disposición de colaborar por la paz, que es un don de Dios, y cuyo día internacional se celebrará este 21 de Septiembre próximo, confiando plenamente en la misericordia de Dios.
Uruapan, Morelia, Zamora y Jacona se encuentran entre los 50 municipios más violentos de México, en tanto Aguililla, Coalcomán y Tepalcatepec sufren las disputas territoriales de grupos armados. Además de que la violencia familiar se ha incrementado durante esta pandemia del COVID-19, en tanto que las violencias estructurales y económicas han afectado a los más pobres.
En la radiografía de la actual situación de Michoacán, desglosada esta mañana por el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Morelia, Monseñor Juan Espinoza Jiménez, alertó también que «son preocupantes las lecturas que se hacen en los resultados del proceso electoral» del 6 de Junio que han acentuado la polarización política y que dejan del pluralismo en el estado.
Por ello anunció en rueda de prensa virtual que la Iglesia Católica de la entidad llevará a cabo el Domingo 26 de Septiembre una jornada de oración por la paz en todas las misas de todos los templos de las 5 diócesis de Michoacana, centrando esta atención «en la invitación que nos hace el Señor a buscar en el camino de la construcción de la paz, más lo que nos une que lo que nos separa».
Así, expuso don Juan Espinoza, unidos en la palabra de Dios se hará sinergia con todas las iniciativas de construcción de paz para que sea respetada la dignidad humana y la dignidad de los pueblos, así como unir los esfuerzos de la comunidad cristiana con acciones en favor de las víctimas de la violencia.
Paz y justicia deben ser compromiso de todas las instituciones, dijo, tras exhortar a la sociedad, a los tres niveles de gobierno, a los organismos civiles, a la Iglesia Católica y a todos los implicados en la construcción de la paz a a distender los conflictos mediante dialogo y encuentro para encauzar el problema sobre todo donde hay violencia armada, así como la construcción de corredores de paz, atención a la población desplazada desde las parroquias y en colaboración con todas las instancias posibles.
Y también, resaltó, que las autoridades municipales estén cerca de sus pobladores y puedan facilitar condiciones mínimas de seguridad y de avivar las economías locales.
En su llamado también exhortó a las nuevas autoridades la próxima entrante administración estatal a que, una vez que tomen posesión, diseñen estrategias de seguridad humana que tengan resultados positivos en el corto y mediano plazo, en tanto a las autoridades federales las convocó a responder con esfuerzos y acciones en beneficio del tejido social y la seguridad.
Y a quienes actúan y promueven la violencia, dijo Monseñor Espinoza Jiménez, «les pedimos que abandonen los medios violentos para sus metas», pues no se justifica los ataques a inocentes, «todavía pueden cambiar si quieren, arrepiéntanse y cambien de vida».
Finalmente, desde el Seminario Diocesano de Morelia, a toda la población michoacana le llamó a ser solidarios, y actuar con justicia y esperanza en la construcción de una sociedad armoniosa, y a unirse en los esfuerzos por la paz.
A su vez, el Cardenal Alberto Suarez Inda, obispo emérito de la Arquidiócesis de Morelia, advirtió que Morelia no está exenta de la violencia, y a diario se cometen asesinatos, extorsiones, cobro de piso, amenazas y secuestros, como en otras ciudades, con la preocupación de que sigue habiendo impunidad y aunque se denuncien los delitos y crímenes «no se aplica la ley».
Estuvo presente también a distancia el obispo de la diócesis de Apatzingán, Monseñor Cristóbal Ascencio, quien confirmó la difícil situación que atraviesan los municipios de esa demarcación eclesial en donde hay violencia, y por lo cual desde Mayo pasado han iniciado jornadas de oración sobre todo del rezo del Rosario en familia por la paz que «nos urge» en esa diócesis que, lamentó, «es la más golpeada por la violencia».
«No podemos quedarnos con los brazos cruzados ni con la boca callada» porque la gente está sufriendo en una compleja situación, y se sumó a las palabras del obispo de Morelia, tras leer la carta que el propio Papa Francisco envió a esa diócesis michoacana el pasado mes de Junio en que alerta que la violencia viene del maligno y encona a los hermanos, y en donde llama a contrarrestarla con el amor, la misericordia y el perdón que brotan del corazón divino de El Salvador.
Por su parte, Monseñor Javier Navarro, obispo de la diocesis de Zamora, también presente en ese encuentro virtual con reporteros se dijo muy preocupado porque tres de los municipios que le pertenecen estén ubicados entre los 50 mas violentos del país: Uruapan, Zamora y Jacona, y en donde hay «escaramuzas» entre dos grupos que se disputan el territorio en los corredores que van de Los Reyes a Tingüindín, y de Tingüindín hasta Cotija pasando por Tocumbo, donde los ciudadanos han quedado entre encuentros armados.



