«Mi única intención al escribir estas páginas es invitar a quienes las lean a alabar al Señor por su bondad, por su misericordia», pronuncio el purpurado
«Los obispos somos eslabones de una cadena», en la sucesión apostólica cada eslabón tiene su importancia «porque sin el eslabón se rompe la cadena y en los planes de la Providencia me tocó entregar y recibir» el báculo de Tata Vasco en esta Arquidiócesis, celebró el Cardenal Alberto Suarez Inda, al recordar cuando fue ungido Arzobispo de este lugar de manos de Monseñor Estanislao Alcaraz y después sucederle el cargo a Monseñor Carlos Garfias Merlos.
El Arzobispo emérito de esta demarcación eclesial y quien fue creado Cardenal por el Papa Francisco así habló este medio día al presentar su libro «Memorias de Gratitud» en que repasa haber escogido su vocación sacerdotal de pequeño al ver a su padre orar de rodillas y a una de sus hermanas muy dedicada a la labor ligada a la religión católica.
Estuvieron acompañándole amigos cercanos como el Cardenal Felipe Arizmendi, hoy Arzobispo Emérito de San Cristóbal de las Casas y recientemente ordenado entre los purpurados por Su Santidad, entre otros que junto a él han ido ejerciendo su ministerio sacerdotal a lo largo de los años como también el padre Basurto y el presbítero José Díaz Barriga de la Diócesis de Tacámbaro, quienes hablaron de sus virtudes y labor.
«Todo lo que he vivido y podido hacer y ha sido por obra y gracia de Dios, hay cosas que Dios nos ha dado y que compartimos con sencillez y alegría», dijo desde el estrado ante los presentes, para agregar «conozco bien mis limitaciones, mis errores cometidos».
Sobre su libro hoy presentado dijo el Cardenal Suarez Inda que «mi única intención al escribir estas páginas es invitar a quienes las lean a alabar al Señor por su bondad, por su misericordia».
La mejor herencia que se puede dejar a las nuevas generaciones, dijo el jefe pastoral Emérito quien cuenta con 82 años de vida, «es el tesoro de nuestra fe»», e hizo en su breve pronunciamiento suyas las palabras del anciano Simeón: «ahora Señor puedes dejar que tu siervo muera en paz como lo has prometido, mis ojos han contemplado la salvación que preparaste delante de todos los pueblos».
Monseñor Carlos Garfias Merlos hizo la introducción ponderando la labor amplia sacerdotal y episcopal de Don Alberto, de quien dijo es testimonio y bendición.
La obra presentada es una edición de la Arquidiócesis de Morelia y de Testimonios y Valores.



