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lunes, julio 22, 2024

ÉTICA Y VIOLENCIA

Fabiola AlanisEl fin de la Guerra Fría no significó el advenimiento de la paz en el mundo; al contrario: apenas caía el Muro de Berlín y desaparecía la Unión Soviética, y se abrían paso nuevas guerras de todo tipo en muchos lugares. En la antigua Yugoslavia se desenvolvió una doble guerra, pues a lo étnico se agregó el factor religioso para nutrir un conflicto que duró los últimos 10 años del siglo XX, con saldos humanitarios catastróficos.

Por otra parte, el Medio Oriente nunca se pacificó, y a la ya añeja conflagración entre Israel y Palestina, se sumó, a partir de 1990, la Guerra del Golfo Pérsico. Al desparecer su enemigo histórico (la URSS), los Estados Unidos iniciaban una nueva etapa de control imperial sobre el mundo con base en una nueva concepción de guerra: la que se dirige contra un enemigo inasible como es el terrorismo. El 11 de septiembre de 2001, el día en que, el emblemático World Trade Center de Nueva York, las Torres Gemelas, fueron derivadas por dos aviones comerciales secuestrados y piloteados por terroristas, es ahora el símbolo del “Choque de Civilizaciones”, anunciado por esa especie de profeta armado que era Samuel Huntington, el prominente politólogo estadounidense. En efecto, los Estados Unidos no han cesado en su despliegue estratégico bélico a fin de controlar fuentes de materias primas y mercados para sus productos. En América Latina esta estrategia adquirió la forma de “guerra contra el crimen organizado”, que hizo suya primero el gobierno de Colombia, y más tarde también, el gobierno mexicano.1 Por supuesto, en este último caso, la guerra no se ha detenido ni se han alcanzado los objetivos estratégicos supuestamente buscados al iniciarla; aunque no se le llame ya “guerra”, la conflagración violenta entre grupos criminales, con la intervención permanente de las fuerzas armadas, no cesa. Al contrario, la violencia se ha extendido horizontalmente y ha desgarrado dramáticamente el entramado social, pues aunque los muertos son mayoritariamente varones y jóvenes, son ellos la parte más visible de familias enteras, que padecen y sufren las pérdidas.

Definitivamente, los nuestros son tiempos violentos, como atinadamente llama Gerardo Ávalos Tenorio a la época actual, en su libro más reciente Ética y política para tiempos violentos2, el cual fue presentado la semana pasada en un abarrotado evento efectuado en el Centro Cultural Universitario, y que, dicho sea de paso, rebasó las expectativas tanto por el número de asistentes como por el hecho de que la mayoría del auditorio estaba formado por jóvenes entusiastas que permanecieron hasta el final del evento.

El libro es completamente pertinente porque propone como eje articulador la tesis de que sólo una política fundamentada éticamente puede poner las condiciones para superar la violencia desbordada. Y es que el problema es la generalización de la violencia, pues el Estado Mexicano en tanto orden normativo de carácter coercitivo, ya implica violencia pues tiene como rasgo supremo el “monopolio de la violencia física legítima”, según nos recuerda Ávalos en el ensayo “Si la política es lucha ¿cuál ética?”. Precisamente uno de los aciertos del libro es que la ética no es lo mismo que la moral, pues la primera es una parte de la filosofía que examina la razón y las razones de las diferentes moralidades, entendidas éstas como diversas formulaciones del imperativo para actuar bien o mal, correcta o incorrectamente. No veo que sea una propuesta para moralizar la política sino para fortalecer los vínculos con el pensamiento racional a fin de que éste sea el que examine las consecuencias que tiene para la comunidad política, la adopción de tal o cual ley, o tal o cual resolución judicial, o tal o cual política pública. Y es que la comunidad política tiene, necesariamente, al menos dos grandes componentes: los gobernantes y los gobernados, amén de todo el sistema que los vincula. El sistema representativo, en efecto, forma a los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) en una república democrática. Sin embargo, la política no es perfecta y, aún el régimen más democrático no es ajeno a las contradicciones morales, afirma Ávalos en otro de los ensayos que componen el libro (“Las contradicciones morales de la democracia”). La razón es que la política es un asunto de seres humanos, mujeres y hombres finitos y pasionales, quienes, en cualquier momento y a la menor provocación, desconocen sus acuerdos y se lanzan a satisfacer sus intereses. Por eso necesitamos a Baruch Spinoza, siempre Spinoza, pues él nos enseña “el gobierno de las pasiones” (otro de los ensayos del libro) para encontrar las salidas hacia la pacificación necesaria pero frágil, pues frágil es la condición humana.

Bien señaló la filósofa y poeta Rosario Herrera en el evento aludido que el libro de Ávalos era imposible de ser presentado, pues era un compendio en el que “están todos”, autores y pensadores antiguos y modernos, clásicos y contemporáneos, decimonónicos y recientes. Es cierto: el desfile de autores es largo y los problemas tratados son inagotables. Eso hace del libro un insumo adaptable a las diversas opciones para pensar nuestra realidad política y cotidiana, pues no es sino entre todas y todos que habremos de encontrar la salida política e institucional a estos “tiempos violentos”. Y no será sino a través del uso de la razón ética, que esa salida se hará realidad.

Ética y política para tiempos violentos tiene la enorme virtud de ponernos frente al espejo y obligarnos a pensar y repensar el ejercicio de la política desde una perspectiva ética. Es un emplazamiento teórico pero también un instrumento indispensable para quienes pensamos a las instituciones del Estado como herramientas indiscutibles para la promoción del bienestar social. Es, en tiempos violentos, un referente indispensable para provocar el debate sobre la magnitud, dimensión y alcance de uno de los momentos más críticos del país.

1Vid. el libro de Pilar Calveiro, Violencias de Estado, La guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen como medios de control global, México, Siglo Veintiuno, 2012.

2 Libro coeditado por la Universidad Autónoma Metropolitana- Xochimilco, MC Editores, el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados, y el Gobierno de Michoacán a través de la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo de las Mujeres Michoacanas.

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