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lunes, julio 22, 2024

HACIA OTRA POLÍTICA, LA DE LAS MUJERES

Fabiola AlanisLa exclusión tiene muchos rostros. La discriminación por género es uno de ellos y de los más lacerantes y dolorosos. Frente a esto se ha construido la idea de la “igualdad sustantiva”. Y si bien, construirla es una tarea de la humanidad, somos las mujeres las que hemos decidido dar un paso al frente. No ha sido fácil ni ha sido rápido; ha sido un proceso paulatino, contradictorio, difícil. Las mujeres hemos tenido que ocupar la plaza pública, hemos tenido que alzar la voz en el espacio que la sociedad patriarcal reservó a los varones, o a algunos de ellos. Las mujeres hemos aprendido a incursionar en la vida pública y en la esfera política; lo hemos hecho poco a poco, de modo paciente y pausado, muchas veces en condiciones extremadamente adversas. A contracorriente, hemos luchando contra los prejuicios y las convicciones más conservadoras que nos ven sólo como objeto sexual, medio de reproducción de la estirpe masculina, como cuidadoras y administradoras de la casa y, finalmente, sólo como educadoras de los hijos, las mujeres ahora, hemos decidido tomar nuestro lugar y en primera persona.

La incursión en la vida pública, el empoderamiento en el sentido de hacerse escuchar en el ágora, no para hablar solamente sino para que nuestros argumentos también valgan, también participen de la decisión colectiva, requiere capacidad. Conocer el universo de lo público y lo político es la condición de posibilidad de una buena participación y una efectiva incidencia en las grandes decisiones de los gobiernos y de los Estados. Para ello, es necesario conocer de qué trata la política y cuáles son sus posibilidades y límites. El proceso de empoderamiento requiere entonces, aquello que los antiguos llamaron sabiduría práctica es decir la (prudencia), los conocimientos necesarios para desentrañar los secretos del ejercicio del poder, no para beneficiarse a sí misma sino para construir el bienestar colectivo, social o comunitario.

Superar la desigualdad y discriminación por género, va de la mano con la participación política de las mujeres. Si bien los representantes no son desdeñables, es mejor, mucho mejor, la participación directa. Esta participación requiere hacerse con las herramientas teóricas y conceptuales que permitan comprender antes el terreno en el que se va a actuar. El empoderamiento conduce, así, a cuestionar la lógica misma de la política establecida. Se hace necesario, pues, extender el sentido de la política hacia una concepción femenina de la política. ¿En qué consistiría tal desplazamiento del sentido de la política con el aporte de lo femenino?

La política es acción pero se trata de una acción consciente, deliberada, basada en el conocimiento práctico. La otra política, la que se concibe desde la posición femenina, es la que toma como punto de partida la exclusión y desde ahí cuestiona todo proceso, práctica u orden normativo que excluya al otro. Es lógico: si históricamente la mujer ha estado excluida de todo sistema de toma de decisiones, el primer contenido de la agenda política femenina es cuestionar el sistema mismo de la exclusión.1 El Otro primordial es la mujer, escribió Simone De Beauvoir en su obra clásica. Y lo es, precisamente, por su presencia y existencia en cuanto mujer, no tiene lugar en el orden social. Si el lugar social de la mujer es sólo como objeto sexual mercantilizado, si la mujer es sólo acompañante, reproductora y educadora, ¿cuál es la identidad de la mujer en tanto mujer? Cuesta trabajo responder este interrogante. La propuesta es pensar que la mujer es el lugar del cuestionamiento permanente a toda exclusión, es un espacio de cuestionamiento permanente, es una posición desde la cual se interpela todo. En efecto: nunca estamos contentas con nada, pero esto hay que elevarlo a un nivel en el que alcance su valor político específico: protestar contra toda exclusión y proponer las bases de una política incluyente para construir una sociedad incluyente. Es una meta políticamente realista, políticamente alcanzable.

 


1 “El hombre proyecta en ella [en la mujer] cuanto desea y teme, lo que ama y lo que aborrece […] El hombre se busca todo entero en ella y ella lo es Todo. Sólo que es Todo sobre el modo de lo inesencial: es todo lo Otro. Y, en tanto que otro, ella es también otro que ella misma, otro que aquello que se espera de ella. Siendo todo, jamás es justamente esto que debería ser”. Simone De Beauvoir, El segundo sexo, México, Penguin Random House, p. 202.

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