REVISAR EL T-MEC
¡Ojalá sea cierto!
Resulta una buena noticia, de ser verdad, que el próximo 16 de marzo se inicia en Washington, Distrito de Columbia, entre los Estados Unidos Mexicanos (MÉXICO) y Estados Unidos de América (EUA) la primera Ronda para revisar el Tratado de Libre Comercio (T-MEC).
Esa información la proporcionó al mismo tiempo el secretario de Economía de nuestro país, Marcelo Ebrard Casaubón, y el representante de la Oficina Comercial de los EUA, Jaimeson Greer; y, este último, por separado, iniciará una semana después, en Ottawa, Canadá, la primera ronda de revisión de ese tratado trilateral, con los canadienses, representados por su ministro de Economía, Dominic LeBlanc.
No hay duda, el epicentro del T-MEC, lo tomó para sí, el gobierno estadunidense.
Para el caso, el fondo económico es lo importante; la forma debe manejarse como una epidermis que satisfaga la cuota de vanidad del presidente, en turno, que habita La Casa Blanca.
La cabeza de cada grupo tiene una grave responsabilidad; empero, lo que debe funcionar a toda su capacidad es el trabajo del equipo.
Los negociadores deben evaluar, en todas sus partes, el funcionamiento real que ha tenido, hasta el momento, ese contrato de tipo internacional, para saber que se le quita y que se le pone, dónde, cuándo, y cómo, o con qué tipo de ajustes se mejora ese tratado.
Por el bien de las tres naciones firmantes, el T-MEC debe ser fortalecido. No sólo para hacer frente a otros bloques de naciones de continentes distintos al de América, sino para construir un procedimiento económico-político de ganar, ganar, o de todos ganan.
Todo el gobierno de los EUA (Suprema Corte, Congreso, y presidencia, estadunidenses) debe ser el más interesado para consolidar un bloque económico de los tres países de Norte América, con efectos hasta Argentina y Chile.
La geografía, la historia, la economía, la política, la ideología, así lo condicionan, así lo exigen.
Sin embargo, podría darse el caso que fuese el gobierno mexicano quien no cumpliera con los requisitos indispensables para que el T-MEC se reactivara, en beneficio común de las partes, con su radiación continental.
Dicho tratado exige una integración de los tres países suscriptores para que se logre una columna vertebral indispensable, en lo básico, constituida por todos los fenómenos sociales.
Deben instituirse los firmantes con tres poderes que cumplan cabalmente sus funciones de ejercicio soberano, de pesos y contrapesos, para que cada uno, de ellos, rinda cuentas a los otros, y no haya concentración de poder, jamás.
Con normas jurídicas que guarden armonía en esa relación trilateral; con tribunales independientes, capaces, prontos y expeditos, que apliquen el derecho a los casos concretos con intereses controvertidos; y, con un ejecutivo apto y honesto en la administración.
Y esas características de nuestros tres poderes, lamentablemente y con pena, México no las cumple.
Por igual, el ejecutivo estadunidense tiene un presidente, de apellido Trump, alocado y disruptivo; pero, por fortuna, para los efectos del T-MEC, en EUA tienen el suficiente poder en el Congreso y en la Suprema Corte de Justicia, para neutralizar las locuras de ese ejecutivo descocado.
Y en el caso de México no es así. El autoritarismo, aquí, le falta poco para llegar a la dictadura.
Con toda esa grave deficiencia que tenemos, sin miedo y sin dudas, debemos revisar el T-MEC, y sujetarnos totalmente a lo que exige y precisa ese tratado trilateral.
Hace dos días, Donald Trump, volvió a agredir a nuestro país, y volvió a elogiar a la presidente mexicana, aseverando que “México es el epicentro de la violencia de los cárteles; y Sheinbaum es una buena persona”.
El presidente estadunidense dice las cosas al revés, y anda todo confundido.
Lo cierto es, que México es un excelente país, y los mexicanos son personas buenas.
La verdad es, que la dupla presidencial Sheinbaum-Obrador es el epicentro de la violencia de los cárteles.
“Cabeza fría”, responde Claudia, porque su cerebro es sólo hielo.






