“Que nada ni nadie, María, nos quite la Cruz de nuestros caminos ni de nuestros corazones», pues por el dolor en la Cruz, símbolo de amor, vino la alegría al mundo
Esta noche, por la pandemia del COVID-19, no tuvo lugar la Procesión del Silencio en que los penitentes caminan silentes y sufrientes por la calle principal de Morelia llevando a cuestas el sufrimiento que les une a Cristo en su Pasión, y en que los cofrades portan a Jesús en su féretro y a nuestra doliente Madre Virgen de la Soledad.
Hoy tampoco hubo la parada frente a Catedral en donde Ella en voz del Obispo recibe el pésame de todos los fieles. Esta vez mediante un documental filmado y transmitido por diversas plataformas por la noche como si fuera en el momento, el jefe pastoral dio las sentidas palabras de dolor a la Madre dolorosa en este Viernes Santo, en que pidió a los fieles contemplarla y acompañarla.
«Que nada ni nadie, María, nos quite la Cruz de nuestros caminos ni de nuestros corazones», pues por el dolor en la Cruz, símbolo de amor, vino la alegría al mundo.
Monseñor Carlos Garfias Merlos encomendó a Virgen de la Soledad al pueblo de Dios, e hizo la petición de enjugar «no sólo tu llanto», sino el llanto de la humanidad entera, el llanto de los familiares que han perdido un ser querido por esta pandemia que estamos enfrentando, por esta humanidad herida, víctimas de la delincuencia y de la violencia, el llanto de tantas mujeres viudas y solas, «de madres como tú».
En esta noche de dolor «confió a tus cuidados maternales las necesidades de todas las familias de esta Arquidiócesis de Morelia, ayúdanos a todos a ser responsables en esta contingencia del coronavirus, confío a tu amor, madre llena de dolor» a niños, jóvenes, adultos, ancianos y el dolor de los enfermos, pronunció.
«Madre dolorosa, protege a nuestro México, a nuestros estados de Michoacán y Guanajuato», imploró, a todos sus pueblos, hombres y mujeres, e invocó protección a toda la humanidad, a toda la Iglesia, «asiste, oh María, a cuantos te invocamos como madre y señora de la vida», clamó.
«Contemplar tu rostro sereno nos llena de fortaleza y ternura, y contemplar a tu Hijo nos da en la Cruz la señal de la esperanza de la resurrección, Madre llena de dolor, haz tu que cuando expiremos entreguemos nuestras almas por tus manos al Señor», oró el jefe pastoral en presencia de penitentes y algunos miembros de las cofradías, ante la imagen de la Virgen de la Soledad.



