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jueves, febrero 19, 2026

Investigadores de la UNAM Campus Morelia conmemoran el nacimiento del Parícutin, único volcán que la humanidad vio nacer, crecer y morir

Información generada por especialistas del Instituto de Geofísica Unidad Michoacán buscan hacer visible la importancia de este volcán

Eran las 5:30 de la tarde de un sábado ordinario, del 20 de febrero de 1943. Don Dionisio Pulido, un campesino purépecha, recogía ramas secas en su milpa en San Salvador Parícutin cuando la tierra, literalmente, comenzó a rugir bajo sus pies. Aquella tarde, entre bocanadas de vapor sulfuroso y piedras incandescentes, don Dionisio se convirtió en el único ser humano en la historia que ha presenciado, desde el primer segundo, el nacimiento de un volcán.

A 83 años de aquel suceso, los investigadores del Instituto de Geofísica Unidad Michoacán (IGUM) de la UNAM, el Doctor Teodoro Carlón Allende, la Doctora Gemma Gómez Castillo y la Candidata a Doctora Johana Gómez Arango, recuperaron esta narrativa donde no solo hacen mención del hecho como una efeméride histórica, sino como una lección viva de la fuerza de nuestro planeta.

Un gigante que creció ante nuestros ojos

A decir de los investigadores, la historia del Parícutin es fascinante por la rapidez con la que surgió el volcán, un hecho que fue documentado tanto por geólogos como por el mundo artístico, ya que al lugar llegaron grandes pintores y muralistas mexicanos como Diego Rivera y el Dr. Atl (Gerardo Murillo), quienes se instalaron frente al coloso para capturar su evolución, dejando un legado visual y literario que hoy forma parte de la identidad cultural de Michoacán.

El volcán, en su primer día formó un cono de 30 metros de altura; al cumplirse un año, alcanzaba los 336 metros de altura. Su ciclo de vida fue un suspiro geológico de apenas nueve años, once días y diez horas, pero su impacto fue eterno.

El precio del fuego y el renacer de un pueblo

La narrativa del Parícutin es también una de resiliencia. La lava sepultó por completo a los pueblos de Parícutin y San Juan Parangaricutiro. El éxodo forzado de más de 3,000 personas, quienes cargaron con su lengua y memoria hacia nuevas tierras. Sin embargo, existe un símbolo silencioso

que aún sobrevive: las torres de la iglesia del Señor de los Milagros, que emergen desafiante entre el mar de roca solidificada.

Una advertencia bajo nuestros pies

Pero más allá de la nostalgia, los investigadores del IGUM subrayan que esta historia sigue escribiéndose. Michoacán se asienta sobre el Campo Volcánico Michoacán-Guanajuato, una zona con más de 1,100 volcanes monogenéticos.

«El Parícutin no fue una anomalía, sino un capítulo de una historia geológica muy activa. Michoacán es el estado con mayor probabilidad de que surja un nuevo edificio volcánico», señalan los especialistas en riesgos y peligros naturales.

Hoy, el Instituto de Geofísica Unidad Michoacán mantiene un monitoreo constante de la química de los magmas y la sismicidad regional. El objetivo es claro: transformar la fascinante historia de 1943 en protocolos de seguridad y alerta que protejan a las comunidades actuales.

Finalmente, recordar al Parícutin es entender que la Tierra que nos sostiene sigue viva, y que la mejor herramienta ante su fuerza es una comunidad informada y una ciencia comprometida.

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