FIN DE UNA ERA
Durante la realización del Foro Internacional de Comercio, celebrado en Davos, Suiza, donde la élite financiera se reúne anualmente para definir el futuro económico del mundo, surgió una voz que plasmó la cruda realidad del comercio internacional.
Ante la presencia de los mandatarios de las superpotencias, el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció uno de los discursos más elocuentes, profundo y preciso para definir el fin de una era.
Aseguró que en las últimas décadas una serie de crisis en las finanzas, la salud, la energía y la geopolítica han dejado al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Lamentó que recientemente las grandes potencias han empezado a utilizar la integración económica como una arma, los aranceles como una herramienta de presión, la infraestructura financiera como mecanismos de coerción y las cadenas de suministros como vulnerabilidades que pueden ser explotadas.
En clara alusión a la posición de Donal Trump, afirmó que no se puede vivir en la mentira del beneficio mutuo, a través de la integración, cuando la integración se convierte en fuente de subordinación.
Criticó las potencias que, teniendo un mercado y capacidad militar inmensos, lo utilicen como presión para dictar las condiciones comerciales mundiales a su antojo.
En suma, explicó que este es el final de la era de la globalización y que cada estado buscará su desarrollo económico de manera individual para no caer en la subordinación.
El discurso fue aplaudido y elogiado por la mayoría de los presentes menos por el presidente Trump y la delegación estadunidense quien, por cierto, no fue bien recibida por los asistentes europeos que ven en la política Trump, una amenaza real para sus economías.
Tras la tensión generada por el discurso del premier canadiense y otros reclamos contra las políticas comerciales de Estados Unidos, el presidente estadunidense, anunció un acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte sobre Groenlandia, que será «muy bueno para Estados Unidos y todos los países de la OTAN», y suspendió la amenaza de aranceles a partir del 1 de febrero contra Europa.
Para enfrentar las amenazas de Trump, Europa optó por la unidad y funcionó.






