EL PRINCIPIO DEL FIN
Nunca desde el inicio de su administración, la presidenta Claudia Sheinbaum había sido objeto de interrupciones y abucheos como de los que fue objeto durante su gira de trabajo en Colima.
Al grito de fuera, fuera, un grupo de asistentes al mitin que rechazan el nuevo proyecto para el Puerto de Manzanillo anunciado por la mandataria, se expresó frente a la presidenta.
Ante los reclamos, Sheinbaum pidió a los asistentes decidir mediante una votación si el evento debía continuar y posteriormente, aseguró que atendería a los manifestantes una vez concluido el acto.
Sin embargo, los gritos continuaron y la presidenta cambió el tono de su intervención. Calificó las protestas como una falta de respeto y señaló que el evento seguiría adelante pese a las interrupciones.
“Son muy irrespetuosos”, expresó la presidenta, quien posteriormente acusó a algunos de los inconformes de pertenecer al “PRIAN”, que eran infiltrados.
Días antes, durante su visita a Zacatecas, la presidenta hizo una férrea defensa de la administración del gobernador morenista David Monreal, acusado de corrupción y lo felicitó por sus avances en el combate a la violencia, cuando ese estado es uno de los más violentos del país.
David Monreal pertenece al clan Monreal, familia que tiene secuestrado al estado y que les ha permitido amasar una multimillonaria fortuna con plena impunidad; un estado donde hay registradas 386 mil personas desaparecidos, existen altos índices de violencia además de incremento de otros delitos como el secuestros y asaltos en carretera.
También al salir de su evento, la presidenta fue increpada en su camioneta por diversos vecinos que mostraron su inconformidad con su gobierno y con el gobierno estatal.
Los reclamos registrados en Colima y Zacatecas, comienzan a ser más frecuentes y reflejan un malestar ciudadano, por lo que es su obligación constitucional escucharlos.
Llamar “prianistas” o “irrespetuosos” a los inconformes no responde a sus exigencias ni sustituye la rendición de cuentas, debería recordar que gobierna para toda la nación, no solo para Morena.
Sin embargo, a lo largo de la historia, así comienzan a sucumbir los estados autoritarios, que odian la democracia, la discrepancia de opinión y la libertad de expresión, a eso se le llama, el principio del fin.





