En los albores del 2026 ya se registró un hecho que despierta el análisis y múltiples comentarios por todas las implicaciones que desata, evidentemente me refiero a la caída de Nicolás Maduro del gobierno de Venezuela mediante la intervención de Estados Unidos por instrucciones del presidente Donald Trump. Las posiciones están divididas como era de esperarse, muchos festejan el derrumbe de un gobierno que tenía un estilo totalitario en el que se hostigaba a la oposición, de hecho, en los últimos comicios presidenciales jamás mostraron oficialmente los resultados, de ahí que se alegara fraude electoral, registraba además una caída en la economía. Estos y otros asuntos motivarían una oleada de emigrantes venezolanos a otras naciones, particularmente Estados Unidos.
La comunidad internacional, al menos una gran parte de la misma, esperaba una próxima caída del mandatario venezolano, para muchos sucedió antes de lo esperado, cuando las fuerzas especiales americanas arrestaban a Nicolás Maduro y su esposa. Según se reportó no hubo bajas de militares norteamericanos y si 40 de Venezuela y Cuba del círculo de seguridad del mandatario venezolano.
Muchas voces se elevaron para celebrar el ocaso de la administración del gobierno venezolano en diferentes partes del mundo, algunos de ellos o mejor dicho muchas personas fueron exiliados, en cambio también hubo quien protestó contra la intervención del país de las barras y las estrellas.
Nicolás Maduro resultaba indefendible ya, sus yerros resultaban evidentes, no tuvo vocación democrática, creció el número de presos políticos en su dilatado gobierno.
El gobierno norteamericano ratifica la doctrina Monroe o el destino manifiesto, en pocas palabras trata de afianzar su hegemonía actualmente con Donald Trump. No obstante, hubo violaciones al derecho internacional, las formas no son necesariamente las óptimas, hay leyes vigentes que no fueron respetadas y ello puede motivar futuras prácticas bajo ese tenor.
En los años setenta el gobierno estadounidense respaldó el oprobioso Plan Cóndor en diversos países del cono sur en nuestro continente contra opositores y fortalecer dictaduras, fue en la era de la guerra fría, en aquella bipolaridad política.
No olvidemos que fue definitiva la intervención del gobierno norteamericano para fraguar el golpe de estado que cobró la vida del presidente chileno Salvador Allende, en su lugar llegó la dictadura sanguinaria de Augusto Pinochet.
Donald Trump ya hizo el anuncio que administrarán Venezuela, no olvidemos que en dicho país se cuenta con una importante reserva petrolera, seguro habrá diversos cambios, ya juramentó como presidenta en este trance la anterior vicepresidenta Delcy Rodríguez, esto fue el 5 de enero ante la Asamblea Nacional.
En nuestro país, también el 5 de enero el canciller Juan Ramon de la Fuente reapareció para hacer el llamado a la Organización de las Naciones Unidas para actuar con mayor determinación para buscar una solución pacífica sostenible y conforme al derecho internacional.
En tanto, Nicolás Maduro se declaró no culpable ante el tribunal de Nueva York, dijo ser secuestrado y afirmó que sigue siendo el presidente venezolano.
Cosas que suceden en nuestro entorno latinoamericano, en donde hay urgencia de una verdadera democracia que se sustente en el respeto a la legalidad y no en caudillos ni populismos.






