EL ARTE DEL EXABRUPTO

En la actualidad parece que las formas en la política se han deformado, existen evidentes pruebas de un profundo desdén a la urbanidad, la civilidad parece que se diluyó entre la posverdad y el insulto torvo entre los actores de la vida pública. El panorama luce lamentable, ya los debates de las ideas parecen pieza de museo porque el voluntarismo plagado de procacidades es ya el lugar común en nuestro tiempo.

A la par, el fanatismo aumenta en muchos seguidores de las derechas y las izquierdas. Recién el presidente argentino Javier Milei se lanzó contra el presidente español Pedro Sánchez, es decir insultó al mandatario de la península ibérica en su propio país, particularmente en Madrid.

Milei tiene la vocación de ser un inescrupuloso presidente que acostumbra insultar a quienes piensan diferente, esto significa que desconoce la tolerancia como valor democrático y genera serios problemas diplomáticos al no conectar el cerebro con la lengua, parece disfrutar de sus dichos. Milei calificó a su homólogo español de ser un impresentable dictador, además lo calificó de ladrón.

La diplomacia y los buenos modales parecen estar a muchos años luz del mandatario argentino que ha sido condenado en muchos sitios por su propensión al insulto.

En muchas partes del mundo en los últimos años las formas de la corrección ya están al borde de la extinción, en nuestro país muchas estampas reiteradas muestran a integrantes de la clase política en actuaciones porriles y vulgares entre insultos, agresiones físicas, sinvergüenzas, principalmente en el Poder Legislativo.

Don Jesús Reyes Heroles manifestó, hace muchos años, que en política la forma es fondo y que lo que parece es, sería interesante saber qué diría el mencionado ideólogo si pudiera observar lo que hoy día sucede en la situación cotidiana en materia de nuestra vida pública, tan convulsa y tan disminuida ante la precaria formación de numerosos actores que suelen más bien verse patéticos.

Qué decir de Donald Trump, quien constantemente insulta a quienes piensan diferente y hace gala de una arrogancia estrafalaria que luce impresentable. La carencia de urbanidad es manifiesta en diferentes puntos del orbe, no solo en la política sino en la administración pública y la academia.

Tras observar y escuchar lo que sucede en nuestra vida pública, recuerdo una frase del gran Nobel mexicano Octavio Paz: ahora sabemos que el reino del progreso no es de este mundo.

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