Desde 1973 se ha celebrado en Paracho la Feria Internacional de la Guitarra, de modo que ha sido una gran vitrina en materia de promoción de estos singulares instrumentos que tienen la utilidad para mostrar las estampas de nuestra música, un escaparate para el arte y una salvaguarda para nuestras tradiciones. Esta semana del 1 al 9 de agosto se efectúa esta fiesta colorida en la serranía purembe.
Paracho es un municipio que se ubica exactamente en el corazón de la Meseta Purépecha, justo es el lugar que presumen como la capital de las guitarras, el instrumento de cuerda que es algo así como la bandera en esta región de pueblos originarios.
Obvio que el arte y la cultura son el binomio óptimo para diseñar, trazar y colocar los cimientos de una nueva manera de convivir que se distinga por restaurar el tejido social que ha sido ajado y arrebatado por la inseguridad, impunidad y las actitudes contrarias a la paz que provocan desencanto.
En muchos municipios de nuestro país se trabaja desde tiempos antiguos para mostrar y compartir trazos estéticos que revelan el talento, calidad y magia que unidos producen arte que se convierte en un elemento digno para nutrir a los pueblos de un sello inquebrantable de identidad.
Paracho se ubica entre la serranía que cuenta con plantas endémicas y el ritmo de las pirekuas, canciones en el idioma originario que retratan las cuitas con el vendaval de vivencias de dicho pueblo mágico con la sonoridad de las guitarras.
El arte es una ventana por donde se filtra la sensibilidad para troquelar una realidad diferente, la cual esté alejada del oprobio, la violencia y las sinrazones que aquejan nuestra vida cotidiana, en Paracho tiene larga data la construcción de guitarras, en esta etapa en la que vivimos de una sociedad de consumo también ha sido amenazado el comercio de los instrumentos por la competencia desleal.
Los instrumentos producidos en Paracho son su corazón que late, su vida está llena de motivos, razones, nostalgias e historias. La música nutre su identidad, las pirekuas proclaman los dolores de un alma que emergió de bosques, las alegrías forjadas por sus hijos con los colores del cosmos. Así es Paracho, la ofrenda entre sierra, noche y frío. Es la tierra en la que los artesanos producen la magia para diseñar, construir y elevar el sonido de las guitarras para proclamar identidad.
En sus caminos quedaron las huellas de las misiones, las leyendas se han tejido para dotarle de historias, aquí desfilaron los pasos de Fray Juan de San Miguel y Don Vasco de Quiroga. Las fiestas y tradiciones son imperturbable bagaje de un pueblo que en 1754 fue conocido como San Pedro Paracho, en 1831 se le dio el estatus de municipio y en 1862 se elevó a villa con la nominación Paracho de Verduzco, en honor al insurgente Sixto Verduzco.





