IDENTIDAD Y PARTIDOS

Hace ya rato que el crepúsculo ideológico parece haber tocado a las organizaciones partidarias que se han decantado por el pragmatismo para dejar de lado, ignorar, su doctrina política que les distinguía y caracterizaba a través de la declaración de principios, estatutos e historia.

Actualmente los partidos lucen más como franquicias alistadas para arribar al poder, mediante cualquier argumento, se entiende que el arribo al mando es la causa de las organizaciones políticas, hasta ahí lo indica cualquier manual teórico en la materia, aunque las ideologías lucen erosionadas, difusas y envueltas en sendas contradicciones.

Algunos casos en nuestro país nos ilustran en torno a lo que señalamos, por ejemplo, el Partido Revolucionario Institucional es una clara muestra de ello, otrora disciplinado y ortodoxo al practicar sus usos y costumbres originados en 1929 por el fundador Plutarco Elías Calles, actualmente enfrenta fisuras al interior, salvo el caso Coahuila, en donde se agenció el carro completo en las últimas elecciones legislativas, en buena parte del país es ya una organización bonsái. Se achicó.

El PRI ya es otro estilo, ya dejó sus liturgias viejas y gastadas por el uso de más de 70 años, no tiene una clara definición ideológica por más que se autoproclamen del nacionalismo revolucionario antiquísimo, al Revolucionario Institucional le distinguía una disciplina ortodoxa, fue su tiempo de esplendor, la época del partidote, que fue una simbiosis con los gobiernos de su extracción. Bajo un concierto dialéctico nada permanece estático.

La forma es fondo expresaría Jesús Reyes Heroles, acaso el último ideólogo destacado del priismo. En la actualidad el Revolucionario Institucional parece tener más historia que futuro. Sus números reflejan una probada decadencia que se reitera, regularmente, casi en todos los procesos electorales.

Los partidos de oposición en nuestro país no se han articulado, más allá de algunas coyunturas políticas, a esto se suman las nuevas organizaciones que reciclan cuadros en muchos casos ya muy vistos que no aportan novedad alguna, salvo los colores y las siglas.

Bien lo expuso en su momento el sociólogo Max Weber, a las organizaciones políticas les marca su origen y el PRI nació de las encumbradas elites de procedencia revolucionaria, siempre participó en las contiendas electorales con ventaja evidente, la equidad no se registraba en aquellos tiempos de las facciones que con la misma procedencia participaron en la repartición del poder para dar paso a los cacicazgos. Rigen otros tiempos, aún se espera una oposición consistente que de momento no existe en el país.

Habrá que esperar los rumbos que determinen los próximos tiempos en medio de circunstancias impredecibles en muchos sentidos. Lo cierto es que la falta de consistencia ideológica se percibe enseguida, ello desdibuja a los partidos que encuentran en el pragmatismo un medio y, pareciera, un fin.

Los partidos son los instrumentos legales para alcanzar el poder, es su causa fundamental, es el motivo de su fundación en los sistemas democráticos en los que caben las discrepancias y tiene un peso importante la disidencia como elementos centrales que propician el debate de las ideas.

Al final el que haya pluralidad es una manifestación natural, lo que sería contra natura sería el intento por imponer un pensamiento único.

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