Lo que menos se necesita en nuestro país son los discursos de odio, en los que el fanatismo suele ser combustible que puede provocar estallidos no deseables, en las democracias se ejerce el derecho a disentir porque no tiene cabida el pensamiento único. Los esquemas monolíticos son de otros tiempos, ya no van con la posmodernidad, salvo excepciones que se fincan en base a la fuerza y no a la persuasión, caso Nicaragua.
En México vivimos en un estado laico, esta es la mejor opción de convivencia social porque caben todas las profesiones de fe, ello tiene su fundamento jurídico en nuestra Constitución Política, es el reconocimiento de los derechos. La formación del estado laico proviene de la Reforma del siglo XIX en que participaron mandatarios como Juan Álvarez, Ignacio Comonfort y Benito Juárez, en aquellos años fue la novedad por la separación de poderes entre gobierno e iglesia.
El derecho a creer o no creer se está incluido en nuestra máxima legislación, basta leer el artículo 24 de nuestra constitución en el que se reconoce la libertad de creencia y culto. En cuanto a laicidad tenemos el artículo 130 que establece la separación entre el estado mexicano y las iglesias, también la relación jurídica en las leyes reglamentarias.
Hace un siglo nuestro país sufrió una desafortunada guerra civil denominada La Cristiada, nunca tuvo razón de ser dicho enfrentamiento entre el gobierno encabezado por Plutarco Elías Calles y los católicos levantados en armas, el fanatismo fue el combustible que detonó en una impresionante sangría, en ellos las incongruencias fueron notables. Tenemos otro México en el que hay relaciones diplomáticas con el Estado Vaticano, hemos registrado visitas de algunos papas, los clérigos y las religiosas pueden sufragar y ejercen así uno de los derechos consagrados por nuestras leyes.
En los últimos días se ha cuestionado, estimo que con razón, al youtuber José Lápiz, porque éste individuo ofreció una recompensa de 40 mil pesos a quien agrediera al obispo de Aguascalientes Juan Espinoza Jiménez. No conforme con ello, llena de adjetivos a los sacerdotes católicos y ridiculiza actos sacramentales de la iglesia, es evidente que ignora la praxis de muchos personajes de dicha profesión religiosa que fueron leales a sus convicciones en favor de grupos vulnerables, tales como quien fuera obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, y el obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz.
Los exabruptos del citado youtuber resultan absurdos, porque vivimos en un ecosistema tóxico y ajado por la violencia, tenemos altos registros de impunidad así como un evidente déficit en materia de justicia.
Por todo ello resulta deleznable la actitud del citado personaje de las redes sociales, no abonan sus exabruptos en favor de la pacificación del país, no es lo que ocupa nuestro tiempo para hacer prevalecer la razón y no el fanatismo, que suele ser veneno.
Los discursos de odio no tienen razón de ser.





