El uso y la conservación del medio ambiente no son objetivos incompatibles, sino complementarios:
Gro Harlem Brundtland. Primera Ministra y ambientalista noruega
El asesinato del ambientalista Roberto Chávez, este fin de semana en Villa Madero, ha vuelto a prender las luces rojas con relación al altísimo riesgo que en México significa ser un defensor de la naturaleza.
Se trata de un sector de alta vulnerabilidad, pero al que poco se le pone atención tanto por el gobierno como por la sociedad y los medios de comunicación, pese a contarse por centenas los ambientalistas amenazados y hostigados por los cárteles de la criminalidad, sobre todo los que tienen como objetivo la tala de bosques, el saqueo de agua o la extracción ilegal de minerales. Un sector social que cuenta por decenas el número de ejecutados, y para el que históricamente jamás ha habido justicia, porque la impunidad es la trágica característica de los atentados.
Pero el asesinato de Chávez parece haber retumbado en la dignidad del gremio, al grado de que este martes uno de sus integrantes, también de la zona de Villa Madero, Guillermo Saucedo, advirtió que la ira de sus colegas les ha llevado a la decisión radical de apoyar a las comunidades de la región para armarse y auto protegerse de los criminales, dada la inacción gubernamental.
Que ambientalistas estén decididos a levantarse en armas, es síntoma del nivel de hartazgo y desesperación que presentan todos los sectores sociales frente al empoderamiento de la criminalidad.
Aunque el problema en particular para los defensores del medio ambiente, es que suelen ser blanco por igual de los delincuentes como del propio poder público, porque regularmente son incómodos para ambos. En realidad, es entendible la decisión extrema que parece han tomado los ambientalistas, porque sin duda se encuentran, como toda la sociedad, a merced del hampa. Los signos de nuestros tiempos.
X@jaimelopezmtz



