Los dictadores pueden reformar las leyes, pero no las costumbres:
Jacinto Benavente (1866-1954) Escritor español
A Ernesto Ruffo se le debe considerar un preso político, figura que en teoría, y solo en ella, no existe legalmente en México. Pero en los hechos, no hay duda que el gobierno de Sheinbaum está inaugurándola.
No es el primer caso en el que la dictadura cuatroteísta tuerce la ley y obliga a jueces a decretar prisión para personajes que personal o políticamente son adversarios de la élite en el poder. Andrés Manuel López Obrador intentó encarcelar al panista Ricardo Anaya, pero éste huyó a Estados Unidos y regresó hasta que tuvo fuero legislativo. Hizo bien: hoy seguiría en prisión.
El anterior fiscal Alejandro Gertz Manero, mantuvo encarcelada casi dos años a una mujer mayor de edad por problemas de tipo personal. La justicia federal, en ese tiempo aún independiente y autónoma, decretó su libertad inmediata. Bien para ella, porque hoy ningún juzgador del acordeón se atrevería a incomodar al o la fiscal con una medida de ese tipo.
De hecho, López Obrador alguna vez intentó, a través del propio Gertz, instaurarle procedimiento penal a Ernesto Ruffo por los mismos supuestos delitos de huachicol de hidrocarburos, pero una jueza federal desestimó los cargos por infundados. Pero como a Sheinbaum le urgía una detención de escándalo nacional que cubriera los fuegos que por todos lados enfrenta su gobierno, ordenó a la nueva fiscal Ernestina Godoy retomar la acusación contra Ruffo, pero ahora llevando el caso a una jueza “confiable”, una surgida del acordeón, la que obviamente acató la instrucción y ordenó la detención del ex gobernador baja californiano y miembro de la dirigencia de Somos México, el nuevo partido opositor a la 4T.
Ruffo es accionista minoritario de una empresa que no compra ni traslada ni vende hidrocarburos, sólo gestiona la tramitología en aduanas. Cada vez que ha sido requerido por el fisco para informar, lo ha hecho puntual. No tiene problemas de evasión de impuestos. Un juez autónomo ya consideró nimios los argumentos de la Fiscalía para procesarlo. Nada sólido parece haber, salvo que tuvo la mala suerte de que el gobierno requería una cortina de humo y no había otro más a la mano que él. Cuanto abogado de prestigio ha comentado su caso, ha alertado que se trata de un montaje, de una estrategia de arrabal jurídico.
Con todo ese contexto, solo una conclusión es obligada: Ruffo es un preso político y es deleznable la actitud de todo aquel que no alce la voz para denunciarlo. Hoy es él, mañana cualquiera fuera de la élite cuatroteísta.
X@jaimelopezmtz


