IMPACTOS INICIALES DEL MUNDIAL DE FUTBOL

Durante los primeros quince días de junio, coincidiendo con el arranque de la Copa Mundial de Fútbol 2026, el Aeropuerto Internacional de Monterrey recibió un total de 618 mil 636 pasajeros, de los cuales 101 mil 238 fueron viajeros internacionales, lo que representó un incremento del 1.3% en este segmento, según datos de Grupo Aeroportuario Centro Norte (OMA).

Este crecimiento se concentró especialmente durante el fin de semana del 12 al 14 de junio, cuando se atendieron 23 mil 426 pasajeros internacionales, cifra 7% superior a la registrada en períodos similares, impulsada por la llegada de aficionados, equipos de trabajo, medios de comunicación y viajeros de negocios vinculados al evento global.

La conectividad internacional del aeropuerto, que mantiene operaciones hacia más de 66 destinos, de los cuales 26 son internacionales, ha sido clave para atender la demanda, mientras que la inversión de más de 8 mil millones de pesos continúa modernizando la terminal para consolidarla como el hub aéreo del norte de México, según afirmó el director general de OMA, Ricardo Dueñas.

Sin embargo, el impacto económico del Mundial no se reflejó de manera uniforme en el sector restaurantero, ya que una encuesta de Canirac a nivel nacional reveló que solo el 35% de los restaurantes incrementó sus ventas durante el periodo, mientras que el 65% no reportó crecimiento.

El principal detonador del consumo fue el Día del Padre, celebrado en esas fechas, que impulsó el 45% de los mejores desempeños, mientras que solo un 15% combinó esta celebración con el Mundial. El ticket promedio más frecuente se ubicó entre 251 y 400 pesos por persona, concentrando el 40% de los establecimientos, y la ocupación fue desigual, con cerca del 45% de los restaurantes reportando niveles inferiores al 50%, aunque algunos alcanzaron ocupaciones superiores al 90%.

En conjunto, estos datos muestran que, si bien la Copa Mundial ha generado oportunidades de negocio, el beneficio ha sido focalizado y no se ha distribuido de manera homogénea en la economía local. Esta lógica de beneficios concentrados y euforia momentánea no es exclusiva del ámbito económico, sino que también opera en el plano emocional y político, como lo demuestra la historia reciente.

El Mundial de 1978 en Argentina es el ejemplo histórico más claro de cómo un régimen autoritario utiliza el deporte como una válvula de escape y un mecanismo de legitimación. La explicación del fenómeno es fascinante porque revela la cara oscura de esa «tregua emocional». Una de las teorías más sólidas en este sentido es la que interpreta la euforia deportiva como una «catarsis colectiva» y un «analgésico» social.

Frente a la violencia, la inseguridad, la corrupción y las crisis políticas, el triunfo deportivo ofrece una tregua emocional que permite a las personas olvidar momentáneamente sus problemas y unirse en una ilusión compartida. Los académicos señalan que esta función de «tregua social» no es nueva y recurren al caso argentino de 1978 para ilustrarla, donde la euforia popular ofreció un respiro en medio de una dictadura, demostrando que el deporte puede ser un «campo de disputa» donde el poder manipula, pero donde la gente también encuentra una forma de resistencia y comunión, así sea momentánea.

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