EL PASO DE SHEINBAUM
La presidente Sheinbaum ha considerado cambiar el nombre del sitio geográfico en donde se juntan dos de los imponentes y significativos volcanes del Valle de México: El Iztaccíhuatl o la Princesa Dormida, y el Popocatépetl o su amado guerrero que cuida de su sueño.
La leyenda tlaxcalteca trasciende a la historia, y logra la cúspide estética de un hermoso poema.
Ese puerto de montaña fue, por muchos siglos, el paso obligado para quienes venían de los territorios del sudeste: quichés, mayas, olmecas, totonacas, mazatecos, zapotecos, mixtecos, tzotziles, lacandones, zoques, mizos, chontales, entre muchos otros.
Hernán Cortés (1485-1547), quien desde los 14 años de edad estudió gramática, latín y derecho, en la Universidad de Salamanca, decidió abandonarla, a tres años de su ejercicio académico, en su ansia a la aventura de venir al nuevo mundo.
Primero llegó a La Española, trabajando como escribano, ganadero y encomendero en el Fuerte Navidad, para después trasladarse a Cuba, en donde se hizo socio y compadre del gobernador de esa isla, Diego de Velázquez, llegando a ser el alcalde de Baracoa, hoy Santiago de Cuba; y sin el consentimiento de quien gobernaba, organizó una expedición para conquistar tierras del oeste. Llegó y desembarcó el 22 de abril de 1519 en una tierra que él llamó la Villa Rica de la Veracruz, fundando a nombre de la Corona Española (representada por Carlos I de España, quien también era Carlos V de Germania, con su madre Juana la Loca, ésta, sin capacidad para gobernar) el primer ayuntamiento, en lo que es el continente americano, para que, inmediatamente después, ese cabildo lo nombrara Justicia Mayor, Alcalde Superior, y Capitán General de las Reales Armas.
Y en principio, los seres humanos originales de esas tierras lo trataron como a un deidad, porque Quetzalcóatl, su dios del sol, les había profetizado que pronto vendrían hombres blancos y barbado, en casas flotantes para conquistarlos, y los indígenas, de suyo, aceptaron el hecho, dándoles regalos; y dentro de esos obsequios decenas de esclavas, en donde iba la Malinche, extraordinaria mujer que hablaba varias lenguas indígenas, y algunas expresiones españolas, aprendidas de dos españoles que hacía años que vivían en esas tierras, llamados Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero; el primero, se unió a las filas de Cortés, mientras que el segundo se quedó viviendo en esa región.
Las estrategias de Hernán Cortés fueron eficaces. Se dio cuenta que los odiados enemigos de todas las etnias eran los aztecas; y él les razonaba con las traducciones de Gerónimo de Aguilar y la Malinche que los reyes de España lo enviaban para liberarlos del yugo de esos perversos aztecas, logrando que la conquista la hicieran los pueblos indígenas.
Así se adentró rumbo a la Gran Tenochtitlán para acabar con ese imperio, cruzando por el consabido puerto de montaña que, desde entonces, se le llamó el “Paso de Cortés”.
Más de 5 siglos tiene ese nombre la ruta; y, hasta ahora, a la presidente Sheinbaum se le contagió el nominalismo del presidente Trump, quien, al Golfo de México, sin más, le cambió de nombre, y le puso, por sus pistolas, “Golfo de América”.
Ese “Paso de Cortés” se seguirá llamando así, a contrapelo de ese caprichoso decreto presidencial de llamarle “Paso de los Pueblos Indígenas”.
Mejor sería llamarle “Paso de Sheinbaum”, para que suene más mexicano.
O, preferible, que Sheinbaum se cambie de apelativo, y opte por apellidarse Pérez, o González, o López, como se llama su titiritero.
Para mí, los únicos nominalismos que tienen especial atractivo, en el reino de la literatura, son los de Jorge Luis Borges (1899-1986), inteligente argentino que merecía el Premio Nobel.
En ‘El Gólem’, inspirado en Platón, abre su poema: “Si como afirma el griego en el Cratilo/ el nombre es arquetipo de la cosa/ en las letras de ‘rosa’ está la rosa/ y todo el Nilo en la palabra Nilo.”
Pero, en el absurdo nominalismo de Sheinbaum, sólo escurre su estulticia.
Lo real es que todos los seres humanos somos mestizos. A todos, si nos toman pruebas de ADN, veremos los elementos de nuestro propio mestizaje.
Lo real es que la lumbre les está llegando a los aparejos al amo Obrador y a su títere Sheinbaum. A Andy López Beltrán le revocaron su visa a los EUA, y fue tal su furia ciega que se lanzó en contra de nuestros vecinos del norte, firmando una carta para el presidente Trump, redactada por su papi Andrés Manuel, en donde, a ambos, se les nota lo tarugo.
Y el narco gobierno de Obrador-Sheinbaum se irrita y hace coro, acusando a Trump de “injerencista”.
Una centena de millones de compatriotas deseamos liberar a México de una dictadura de narcos. Cualquier apoyo interno y/o externo, para ese noble fin, tendrá siempre nuestra simpatía.





