Arquidiócesis de Morelia ordena 9 nuevos ministros: «nunca pierdan su amistad con Dios», les llamó el Arzobispo

«No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido a ustedes y los he destinado para que vayan y den fruto»  

Nueve nuevos diáconos se han incorporado a la vida ministerial en esta Arquidiócesis de Morelia. Fueron ordenados este jueves por Monseñor José Armando Álvarez Cano, Arzobispo de esta demarcación, quien les llamó a que su cercanía con Cristo se transforme en cercanía con el pueblo, pues antes que predicadores «nuestras comunidades necesitan hombres que busquen a Dios, hombres cuya oración sostenga su actividad pastoral».

La Catedral de Morelia se engalanó con esta ceremonia eucarística de ordenación de estos servidores que han quedado investidos como diáconos, para posteriormente seguir su misión cuando sean ordenados sacerdotes. En su mensaje el jefe pastoral les dejó en claro que la fuerza del misterio sacerdotal no procede de la fuerza humana sino de Dios, y quien recibe el diaconado debe aprender desde ahora la verdad indispensable para su futuro sacerdocio: «la Iglesia no necesita ministros que se anuncien a sí mismos sino hombres que permitan que Cristo aparezca a través de ellos». En medio de una cultura marcada por la búsqueda de reconocimientos, la imagen y el protagonismo, el ministro está llamado a una lógica diferente: disminuir para que Cristo crezca, servir sin necesidad de reconocimiento, trabajar sin apropiarse de los frutos y recordar siempre que el tesoro pertenece a Dios, les habló.

El diácono, prosiguió Monseñor Álvarez Cano en su mensaje a los nueve jóvenes que estuvieron acompañados por sus familiares y por el presbiterio, como todos los ministros de la Iglesia no es enviado para buscar reconocimientos, construir una imagen personal o convertirse en el centro de la comunidad, fue claro, si no su misión consiste en transparentar a Cristo y llevar su Evangelio, y ello libera al ministro de dos tentaciones: creerse indispensable y sentirse desanimado por su limitada condición humana.

Después recordó el jefe pastoral las palabras de Jesús a sus apóstoles en la despedida en la Última Cena, pasaje que fue leído anteriormente en el Evangelio según San Juan: «como el Padre me ama así los amo yo» y en que antes del mandamiento está el amor y antes de la misión está la amistad con Cristo, después aparece el mandamiento fundamental: «ámense los unos a los otros como yo los he amado» cuya medida es el amor más grande de quien da la vida por quienes ama, como lo hizo Jesús y que es de donde nace el ministerio sacerdotal, no de una capacitación académica o de una decisión personal, prosiguió el Arzobispo: «no son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido a ustedes y les ha destinado para que vayan y den fruto», dejándoles en claro que nunca deberán permitir que la actividad pastoral sustituya su amistad con Jesús. El sacerdocio no debe olvidar el servicio como camino, pues no es un camino de poder.

Estuvo cierto el jefe de la Arquidiócesis de Morelia que la pobreza, la violencia, la fragmentación familiar, la migración de nuestros pueblos, la desigualdad, comunidades rurales alejadas, la secularización, y jóvenes que necesitan encontrar razones para creer y esperar, son la realidad de nuestras comunidades y frente a esta realidad «necesitamos ministros capaces de salir, escuchar, acompañar y servir», pues el ministerio necesita cercanía con el enfermo, el pobre, las familias heridas, visitar las comunidades apartadas, caminar con los jóvenes, consolar a quienes sufren las consecuencias de la violencia, y ser constructores de reconciliación y de paz. El diácono es ordenado para el servicio de la palabra, el altar y la caridad «permanezcan siempre como amigos de Jesús», así les habló Monseñor Álvarez Cano.

Posteriormente los jóvenes se postraron ante el altar totalmente recostados sobre el piso en señal de humildad y abandono ante Jesús, y después les fue tomado el juramento de servir a Dios, uno a uno, en voz del jefe pastoral quien les bendijo con estas palabras: «que Dios mismo lleve a término esta buena obra que en tí ha comenzado».

La Catedral abrió sus portones centrales para recibir a estos nuevos ministros de Dios en esta ceremonia solemne encabezada por Monseñor Álvarez Cano, quien estuvo acompañado por autoridades y miembros del Seminario Diocesano.

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