Inflación aprieta, dólar sube, huracanes golpean y T-MEC se tambalea

Septiembre cerró con inflación de 3.45%; lluvias e inundaciones golpean a varias entidades y crece la incertidumbre comercial y el riesgo para nuevas inversiones en México

La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) insiste que la economía mexicana atraviesa días complicados: repunte inflacionario, presiones climáticas, incertidumbre comercial por no refrendo del TMEC, diques que terminan pasando factura a los hogares mexicanos y al pequeño comercio que resiente de primera mano los golpes al bolsillo de la población.

Recientemente, INEGI dio a conocer el repunte inflacionario que se registró en septiembre, inflación anual la cual llegó a 3.45%, frente al 3.26% registrada en agosto. La inflación subyacente, que permite observar con mayor claridad el estatus y tendencia de los precios, se ubicó en 3.75%. Esta espiral alcista de precios fue impulsada por el encarecimiento de los productos agropecuarios, frutas y verduras, liderando la burbuja el tomate y la cebolla.

“La tendencia alcista en los precios del tomate en México no es coyuntural. El mercado de este producto se ha visto fracturado desde la disputa comercial que interpuso Estados Unidos contra las exportaciones de esta verdura, ya que alegan dumping en su producción, debido a subsidios y apoyos gubernamentales que el tomate estadounidense no tiene, quedando en desventaja competitiva de precio”, explicó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

En este entorno, el Banco de México mantuvo su tasa de interés de referencia en 6.50% anual el pasado 24 de septiembre, como una medida que busca contener la inflación y tenerla bajo control. En tanto, el tipo de cambio comienza a moverse en sentido desfavorable respecto al peso: el dólar gana terreno y nuestra moneda se deprecia frente a él.

Esta es la atmósfera de la burbuja inflacionaria, los precios vuelven a apretar, el dinero no alcanza y el pequeño comercio tiene que hacer malabares para mantener sus cortinas arriba.

Al cierre de este segundo tercio de 2026, nuestra economía enfrenta otra amenaza, los fenómenos climáticos. Las diabluras del Niño malo traen por demás agitados nuestros litorales; el Pacifico, que de por sí no honra su apellido y es conocido por sus aguas turbulentas, de unos días para acá, está implacable con las tormentas vueltas huracanes Polo, Rachel y Simón; mientras que el Golfo no canta mal las rancheras con Isaías. La actividad ciclónica hasta ahora ha dejado a su paso una estela de pérdidas materiales millonarias y afortunadamente un saldo mínimo de perdidas humanas; sin embargo, se mantiene la alerta por la amenaza de lluvias extraordinarias e inundaciones en estados como Jalisco, Colima, Michoacán, Nayarit, Sinaloa, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán y Oaxaca.

“La factura de estos fenómenos a la población y en particular al canal del pequeño comercio es de antemano conocida: pérdida de enseres domésticos, daños mayores a las viviendas, mercancías echadas a perder, interrupciones en el abasto y una caída de las ventas que pone en jaque la operación de los negocios. En el mejor de los casos, recuperarse toma semanas; en los escenarios más graves, pueden pasar meses antes de volver a ponerse de pie. Ahí está el doloroso recuerdo del huracán Otis en Acapulco como ejemplo de ello”, afirmó Rivera.

Lo grave es que nuestro país sigue sin contar con una política preventiva de atención a desastres naturales efectiva. El Plan DN-III-E que opera la Guardia Nacional, junto con las medidas que alcanzan a tomar las autoridades municipales y estatales, quedan muy por debajo de lo que la población necesita en esos momentos de urgencia y desgracia. La falta de coordinación entre el Gobierno Federal y los gobiernos locales, así como la tardanza en el flujo de los recursos, lleva una y otra vez a miles de familias mexicanas a la desesperación, obligándolas a pasar días en condiciones deplorables y anegadas.

Sea cual sea la razón que justificó la desaparición del FONDEN (Fondo de Desastres Naturales) fue un error. México necesita que el Gobierno Federal cuente con una caja de recursos de uso exclusivo para la atención de desastres para tener capacidad de respuesta inmediata y solventar con rapidez las necesidades de la población afectada.

“ANPEC se encuentra atento a lo que ocurre en las comunidades afectadas, con la intención de apoyar, dentro de nuestras posibilidades, a los pequeños comerciantes que enfrenten este tipo de desgracias. La emergencia exige solidaridad activa, pero también prevención, organización y respuestas que responda y correspondan a las necesidades emergentes”, declaró Rivera.

En este contexto, es digno de reconocimiento el llamado que hizo la presidenta Sheinbaum a través de sus redes sociales para que la población se mantenga informada, se resguarde y evacue las zonas vulnerables ante el inminente impacto del huracán Simón en las costas Jaliscienses.

En otra esfera de preocupación, empresarios, académicos, comunicadores y pequeños comerciantes tienen inquietud por saber en qué terminará la prolongada discusión sobre el refrendo del T-MEC, el acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá. A estas alturas, lo que quedó claro ya es que no se concretó la extensión del tratado por otros 16 años, convirtiéndose ahora en un acuerdo con fecha de término en el 2036.

El asunto no es menor, las consecuencias negativas que traerá para la economía de México la falta de acuerdo para extender la vigencia del tratado alimenta la incertidumbre sobre las condiciones en que se desarrollará el comercio de América del Norte durante los próximos años, además envía un mensaje claro de que no hay confianza en el futuro económico de nuestro país, lo que seguro tomarán en cuenta las potenciales inversiones que pudieran haber pensado en instalarse en nuestro territorio debido a su cercanía a Estados Unidos, primera economía del mundo aun ahora.

Para todo fin práctico, hemos dicho adiós a los amaneceres seguros, con reglas claras, preestablecidas y condiciones con un alto grado de previsibilidad. De hoy en adelante nos toca vivir la otra cara de la moneda, tratos inestables en donde las reglas pueden cambiar de la noche a la mañana y condiciones que se definen a tiro por negocio.

Ante esta realidad, debemos cambiar el chip y aprender a jugar un juego distinto, algo parecido al tenis de mesa, popularmente conocido como ping-pong, que exige de extraordinarios reflejos, no perder de vista la pelota y tener la flexibilidad necesaria para responder a cada movimiento.

ANPEC mantendrá la mirada en estos acontecimientos con la mayor cercanía posible, atentos a sus consecuencias sobre la economía familiar y el pequeño comercio porque, al final del día, la inflación, los desastres naturales y las condiciones comerciales no son asuntos lejanos al bolsillo del consumidor de a pie, por ellos preocupan y nos ocupan, porque sabemos que su suerte nos complica la vida a todos.

Noticias Recientes
spot_img
Noticias Relacionadas