Pero también que «no sea un distractor de los dolores que vive nuestro pueblo», un país herido por violencia, desapariciones, corrupción e injusticias
Los obispos del país han hecho votos para que la Copa Mundial de Futbol no distraiga a México. Agrupados en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) han emitido una misiva donde sustentan: «deseamos que la Copa Mundial de Futbol no sea un distractor de los dolores que vive nuestro pueblo, sino una oportunidad privilegiada para poner nuestras rivalidades y diferencias al servicio de la justicia, de la verdad y de la paz».
En esa breve misiva publicada en su sitio oficial este martes, los jefes pastorales de todas las diócesis de México externan sus votos por una justa mundialista que reconcilie y mantenga la fraternidad entre los participantes, entre las naciones y sus pobladores, y también hacen suyas las palabras pronunciadas por Su Santidad León XIV al respecto del magno evento futbolero: «que el deporte sea siempre escuela de fraternidad y no de rivalidad vacía, espacio de encuentro y no de exclusión, camino de paz y no de violencia” , reflexión a través de la cual el Santo Padre «nos ayuda a poner en perspectiva el sentido de la competencia: los equipos compiten para mostrarnos que la rivalidad puede ser oportunidad de crecimiento y la competencia, un espacio de encuentro y de respeto mutuo».
«En México vivimos muchas rivalidades que con frecuencia ensombrecen nuestra convivencia pacífica», dice a la letra el documento en referencia a rivalidades políticas, económicas, ideológicas, sociales, e, incluso, en la lucha por la vida, «mismas que se pueden convertir en escuela de fraternidad en vez de en rivalidades vacías, y en espacio de diálogo y encuentro en lugar de odio y exclusión, en caminos de paz y no de violencia».
Esto exige, observan, «abrirnos a la riqueza del hermano y tratarle con dignidad», exaltan los prelados para agregar que «más allá de una contienda deportiva debe recordarnos que juntos formamos una sola familia humana desde nuestra diversidad».
«En un mundo marcado por tensiones y conflictos y un país herido por la violencia las desapariciones, la corrupción y las injusticias, el deporte no debe ser distractor de estos dolores y de esta realidad», llaman, sino una oportunidad privilegiada «para poner nuestras diferencias al servicio de la justicia de la verdad y de la paz».
Oran porque este acontecimiento mundial inspire en todos, actitudes de reconciliación, amistad y esperanza «y nos ayude a construir relaciones más humanas y fraternas dentro y fuera de las canchas».


