18 AÑOS DESPUÉS

En la historia reciente están los registros de hechos repudiables, los cuáles fueron dentelladas del crimen organizado contra la población, no podrá haber jamás una indulgencia para los señores del hampa que provocaron tragedias que nunca serán cubiertas por el olvido.

Ahora que estamos en el mes patrio, el cual está dotado de verdades y medias verdades, además de mitos, no podemos olvidar aquel atentado terrorista que cobró vidas y rompió de tajo una noche que fue sosegada hasta que el cruel acto invadió la plancha gris de la Plaza Melchor Ocampo en Morelia, la ilustre tierra que vio nacer al arquitecto del estado mexicano, José María Morelos y Pavón. El hecho condenable referido sucedió la noche de 15 de septiembre de 2008, tras la ceremonia del grito de independencia.

Aquella fatídica noche no se olvidará, ello con independencia de vivir en un país que parece haberse sumergido en el mítico río Leteo que contagiaba de amnesia según los mitos de la antigua Grecia.

De entonces a la fecha nuestro país ha vivido episodios funestos, más actos de terrorismo aunque el estado lo niegue. La seguridad parece una pálida quimera, muertos en aquel 2008 y ahora en 2026; a veces parece que no acabará.

El crimen organizado y desorganizado parecen secuestrar la vida cotidiana para mostrar sus fauces, con todo y que las estadísticas de homicidios dolosos han disminuido.

Aquella noche del 15 de septiembre del 2008 en pleno Centro Histórico de Morelia unas manos asesinas sembraron muerte, el jolgorio fue expulsado para dejar la pena, el desconcierto y muchas preguntas sin respuesta, a cambio se tejieron especulaciones a granel. Un acto atípico.

En la actualidad, 18 años después en algunas ciudades del país los festejos cívicos y las ceremonias protocolarias del grito de independencia no tienen el vigor de otros años, antes del impacto del poder fáctico que representa el crimen organizado.

En aquel tiempo del 2008 pesaba como fardo la impunidad, aún no hay cambios de fondo, han cobrado cierta mutación los discursos, la nomenclatura política ha variado aunque los lastres perviven con el continente de tragedias multiplicadas.

La madrugada del 16 de septiembre de 2008 en Morelia se actualizaban los datos de las corporaciones socorristas los números fueron escalofriantes: siete muertos y más de 130 heridos aquella noche fatal. El infame hecho quedó en la impunidad. Nadie sabe nadie supo.

Ya han pasado 18 años de aquel 15 de septiembre de 2008, la huella de la barbarie permanece imborrable, los lamentos no cesan. Actualmente la violencia hija de la transgresión se ha instalado por doquier y la paz social se ubica distante, promesas, gestos optimistas gubernamentales no faltan, las frases hechas son parte de una escenografía en el México brutal del siglo XXI.

No parece verse la luz al final del túnel, el desencanto producto de la realidad pesa como un fardo a la espalda, el crimen no se combate sólo con voluntarismo. El estado de derecho parece no ir más lejos de los terrenos ilusorios.

Respecto al atentado terrorista del 15 de septiembre en Morelia hace 18 años no cabe la indulgencia, acaso vale una frase hecha: ni perdón ni olvido.

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