DE LA DEMOCRACIA

En nombre de la democracia se dicen cantidad de cosas, verdades y medias verdades, justificaciones, así como un cúmulo de aspiraciones. Dicha forma de gobierno se originó en la antigua Grecia, específicamente en Atenas, la urbe recordada por sus filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles que mantienen influencia en la academia y en el ámbito público hasta nuestros días.

De hecho, la democracia no fue la mejor opción de gobierno para los filósofos, lo podemos cotejar en La República de Platón, porque argumentaron que esta podría degenerar y arribar a la oclocracia.

En todo caso, los notables pensadores griegos de la antigüedad se decantaban por la aristocracia como la mejor forma de gobierno, porque ésta implicaba que los gobernantes debieran ser los más sabios, los más ilustrados, es decir los filósofos, aunque este propósito no paso de una aspiración.

Nuestro país, si hablamos del caso México, durante un largo lapso temporal escamoteó la democracia, tuvimos gobiernos que se habrían de prolongar ya sea en una persona o por un partido hegemónico.

Basta recordar gobiernos que se dilataban en sus encargos como los de Antonio López de Santa Anna, Benito Juárez o Porfirio Díaz, cada uno con sus propias características y diferente sitial en la historia. Ya en el siglo XX fue Plutarco Elías Calles, el caudillo revolucionario, que construyó lo que sería la agrupación política que se habría de constituir como la hegemónica durante más de 70 años, nos referimos al Partido Revolucionario Institucional que, en su origen, fue el Partido Nacional Revolucionario, ya durante el sexenio del Gral. Lázaro Cárdenas sufrió la mutación y se llamaría Partido de la Revolución Mexicana, esto fue para deslindarse de su ex jefe Calles.

El siglo XX estuvo marcado en nuestro país por los caudillos revolucionarios, muchos de ellos ansiosos por el poder, los cuartelazos y la insurrección mediante las armas, muchos de los dirigentes de las facciones fueron militares, los civilistas arribaron al poder ya con Miguel Alemán Valdez y en ese entonces ya se formalizan las siglas del Partido Revolucionario Institucional.

Durante 71 años consecutivos el PRI dominó la escena nacional, no tuvo propiamente una oposición vigorosa durante un largo trecho, un Partido Acción Nacional que durante mucho tiempo no ganaba nada, algunos partidos satélites y sedicentes de izquierda que respaldaba las candidaturas priistas como sucedió con la de José López Portillo en 1976.

En México hacen falta equilibrios, contrapesos y una real competencia electoral para que la alternancia sea parte de una normalidad social, aunque la vocación democrática en muchos integrantes de la clase política es inexistente poque buscan por todos los medios mantenerse en el poder desde una perspectiva meramente maquiavélica.

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