ESCÁNDALOS

Nuestro país hace un buen rato vive entre escándalos, abusos y excesos, una gran porción de nuestra clase política revela su gran oquedad y la impericia en el desempeño de sus encargos porque la narrativa apunta a situaciones tóxicas.

El escándalo de Sinaloa, en donde hay un gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, ha escalado por todas las implicaciones que tiene y que le vinculan con el crimen organizado y que podría enfrentar un largo proceso judicial en Estados Unidos.

El caso Rocha Moya ya se viralizó, las acusaciones son serias y falta qué sucederá en los próximos días. Todo ello va en menoscabo de la política, esto no significa que dicha ciencia y arte sea una monstruosidad porque quienes la trabajan son los seres humanos. Platón en La República señalaba que el bien máximo de la política es la ética, solo que Nicolás Maquiavelo escribiría en El Príncipe lo contrario, los antagonismos.

El estado de derecho vive una crisis, que para algunos es recurrente, porque tenemos problemas ya que no prevalece el imperio de la ley, esto implica que nadie violente los ordenamientos jurídicos vigentes y la realidad no remarca necesariamente dicha aspiración.

También se requiere de una separación de poderes, porque ello implica y dibuja el corazón de una república, la concentración de poder en pocas manos genera desequilibrios como bien lo argumentó el reconocido enciclopedista Montesquieu en su recordada obra Del espíritu de las leyes.

La política mexicana vive un periodo de estancamiento, influenciada por las elites políticas que tiene en la diatriba su manera de romper la urbanidad para dar paso a fangosas arenas.

 Los partidos políticos están en una crisis evidente de diferente magnitud cada uno de ellos, porque no cuentan con nuevos liderazgos, resultan por lo regular las mismas caras, mismos dichos y mayor deterioro que no abona para vigorizar la democracia mexicana, que a veces parece voluble.

Hace mucho no se registran liderazgos emergentes, nuevos cuadros no se observan, la juventud no es tan perceptible, acaso porque ver a los mismos de siempre no genera estímulos ni brinda la confianza para construir nuevos caminos cuando ya las ideologías no son más que lugares comunes tan huecos como predecibles.

No hay propiamente una lucha ideológica en nuestro país, los pleitos por el poder son cada vez más abrumadores porque las confrontaciones en las cámaras dejan ver la decadencia intelectual que no presagia nada bueno, la cantidad de insultos maridados con la soberbia son incontables.

Y no hay la mínima autocrítica, por ello la situación de nuestra vida pública oscurece ante la ausencia de un debate de calidad que al menos procure otros argumentos.

Por todo ello los partidos políticos están en crisis, no reflejan una identidad, están a las caiditas, optan por lo pragmático por no llamarle oportunismo.

Mientras tanto los problemas sociales se multiplican, los escándalos son los temas de hoy, como lo sucedido en Sinaloa, no debemos perder la capacidad de asombro ni de indignación, ahora menos que nunca, porque, de lo contrario, seriamos como estatuas de sal.

 

- Advertisement -spot_imgspot_img
Noticias Recientes
- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img
Noticias Relacionadas