EBRARD, O CÓMO SER UN CÍNICO SIN RUBORIZARSE

Lo último corrompido, ¿no es el principio de lo engendrado? 

Giordano Bruno (1548-1600) Filósofo italiano

Lo de Marcelo Ebrard sobrepasa los límites medianamente tolerables del cinismo en la política. Siempre lo he considerado de lo poco rescatable de la tragedia llamada 4T, si no en términos de eficiencia y de resultados, sí al menos en los de la decencia para ejercer el servicio público. En términos de ética y moral, pues.

Pero este jueves Ebrard resultó ser un verdadero cinicazo: aceptó la versión periodística de que en 2021, cuando era canciller del gobierno lopezobradorista, su hijo vivió durante seis meses en la sede de la Embajada mexicana en Londres. Pero lejos de ruborizarse, aceptar el yerro y ofrecer una disculpa por el evidente abuso y la desviación de recursos públicos en favor de su vástago, se hizo el indignado, llamó miserables a quienes cuestionan el hecho, rechazó que haya incurrido en una irregularidad, y explicó que lo que buscó fue proteger a su bebé de 28 años.

El caradura de Ebrard no negó la veracidad de la información periodística, por el contrario, la justificó por su amor de padre. Su cachorro vivió seis meses en la Embajada, no pagó un peso por hospedaje, alimentación, lavado de ropa. Fue tratado a cuerpo de rey, pero su padre niega que ello constituya una irregularidad. Una malversación de recursos presupuestarios es desnudada, una más en la tiranía de la 4T, y no pasa nada.

Mientras el cínico secretario de Economía se victimizaba en el micrófono de la mañanera, Claudia Sheinbaum no fue capaz de articular un solo señalamiento al respecto. Su silencio sobre el tema significa la impunidad que buscaba Ebrard desde que se destapó el ominoso acto de corrupción suyo, de la embajadora en ese tiempo en Londres y desde luego de su bebé.

No hace mucho, los políticos pillados en actos de corrupción, hacían alarde de destreza para salir del pantano lo menos manchados posible. Hoy, en los tiempos estelares de la 4T, ni siquiera tienen que quebrarse la cabeza: solo es cosa de sacar el manual lopezobradorista, de entrada negar todo, pero si ya es imposible hacerlo por evidencias contundentes, hacerse el indignado, victimizarse, apelar a las lágrimas y, por supuesto, calificar a los que difunden la información de miserables, conservadores, neoliberales, y la interminable perorata que no falla. Ebrard es otro que comprueba la eficacia del método. Es la desfachatez en todo su magno esplendor.           X@jaimelopezmtz

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