Pandemia, oportunidad de fortalecer fe, llama Arzobispo a sacerdotes

misa bendiciones 3103Que al renovar las promesas sacerdotales «sintamos de nuevo la mano amorosa, tierna y paternal de Dios», les dijo

 

El Arzobispo Carlos Garfías Merlos llamó a sus hermanos sacerdotes a que estos días que estamos viviendo en nuestro país ante este gran desafío llamado Covid-19, «signifique para nosotros pastores, el momento de fortalecer nuestra fe y confianza en nuestro Padre providente», reconociendo que sus efectos han llegado y pueden dañar también la vida de los presbíteros, durante la Homilía ofrecida en la Misa Crismal del Miércoles Santo, en que renovaron sus votos sacerdotales como cada año, y en que fueron bendecidos los óleos y las especies.

Desde Catedral también les convocó a que «junto al pueblo con el que peregrinamos sepamos enfrentar con serenidad y responsabilidad esta emergencia sanitaria».

El Jueves Santo que, por motivos pastorales, se celebra en esta Misa Crismal, es el día en el que el Señor encomendó a los doce la tarea sacerdotal de celebrar con el pan y el vino el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre hasta su regreso.

Monseñor Garfias Merlos habló así a obispos y sacerdotes presentes: «hermanos, el misterio del sacerdocio de la Iglesia está en el hecho de que nosotros, en virtud del Sacramento, podemos hablar con su «yo»: «in persona Christi». Jesús quiere ejercer su sacerdocio a través de nosotros». Este misterio conmovedor, que en toda celebración del sacramento nos vuelve a tocar, lo recordamos de manera particular en el Jueves Santo.

Y para que el activismo diario no marchite lo que es grande y misterioso, «necesitamos la conciencia personal de este recuerdo específico, necesitamos volver a aquella hora en la que Él puso sus manos sobre nosotros y nos hizo partícipes de este misterio».

En el médula del Sacramento del Sacerdocio está el gesto antiquísimo de la imposición de las manos, con el que Cristo tomó posesión de los primeros sacerdotes «y de nosotros, diciéndonos: «Tú me perteneces», refrendó. Pero de este modo nos ha dicho también: «Tú estás bajo la protección de mis manos. Tú estás bajo la protección de mi corazón. Tú estás protegido bajo el hueco de mis manos y te encuentras en la inmensidad de mi amor. Estás en el espacio de mis manos; dame las tuyas», enfatizó.

Dijo tras leer el Evangelio, qué en este tiempo de contingencia del Covid-19 «cuántas cosas no hacen las manos de nosotros, los sacerdotes: santificar, bendecir, consagrar, ungir, transformar», así como asumió que «los sacerdotes en este tiempo de cuarentena es normal que pasemos por distintos momentos y estados emocionales: estrés, ansiedad, soledad, frustración, aburrimiento, enfado, sentimientos de miedo y desesperanza». Emociones que pueden durar o aparecer incluso posteriormente al confinamiento.

«Pero este tiempo no es un tiempo desocupado, de huir, de dispersarse, de desentendimiento humano, espiritual y pastoral, sino de unificar el corazón y los sentimientos para cuidarnos y servir mejor al Pueblo de Dios».

Y prosiguió el jefe pastoral su mensaje en qué exalto las palabras del Papa Francisco de que el Señor Jesús, en medio de esta tormenta, «nos invita a despertar y a activar la solidaridad y la esperanza, nos pide ser capaces de dar solidez, contención y sentido en estas horas donde todo parece naufragar».

«La pandemia actual es un tiempo y espacio fundamental para el fortalecimiento de nuestra vocación sacerdotal. La Iglesia se encuentra ante el llamado y el desafío de volver a su origen, así como al fin por el cual existe, es decir el servicio».

El presbítero es capaz de nutrir la esperanza, de contener las angustias y de reducir los miedos.

En estos momentos de nuestra historia: el mundo, nuestros fieles, nuestras comunidades, nuestro presbiterio «tienen necesidad de Dios, no de un dios cualquiera, sino del Dios de Jesucristo, del Dios que se hizo carne y sangre, que nos amó hasta morir por nosotros, que resucitó y creó en sí mismo un espacio para el hombre». Este Dios tiene que vivir en nosotros y nosotros en él.

Esta es nuestra llamada sacerdotal: sólo así nuestra acción de sacerdotes puede dar fruto. La contingencia sanitaria constituye una realidad para vivir desde la fraternidad sacerdotal el acompañamiento y también para continuar con la formación permanente que tanto enriquece la vida sacerdotal.

«En esta Misa Crismal pidámosle a Dios que nos unja una y otra vez con su Espíritu para que nos apasionemos por crear un mundo lleno de esperanza donde, desde Él, seamos la alternativa para vivir la paz y la justicia».

Que al renovar hoy nuestras Promesas Sacerdotales sintamos de nuevo su mano amorosa, tierna y paternal, para que, en esta situación de pandemia, en la que nos toca vivir aislados, estemos convencidos de redescubrir y profundizar el valor de la comunión ministerial que une a todos los miembros de la Iglesia, refirió el Arzobispo de Morelia.

Hermanos sacerdotes, en esta Misa Crismal tengamos encarnadas en nuestro corazón las palabras del Papa Francisco: “Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor”, refrendó ante sus hermanos.

Noticias Recientes
spot_img
Noticias Relacionadas