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BECAS Y ABANDONO: EL DOBLE ROSTRO DE LA EDUCACIÓN

En los primeros días de marzo, México pudo haberse mirado en el espejo con honestidad. Se realizaron anuncios generosos, se brindaron cifras esperanzadoras y se firmaron acuerdos con solemnidad ante los reflectores. Pero fue también, si uno leía con cuidado entre líneas, un periodo de confesiones incómodas. Porque mientras el gobierno celebraba que las mujeres ya son mayoría en las universidades del país, un informe oficial admitía casi en voz baja que el 27% de los niños con discapacidad y el 16% de los niños indígenas no asisten a la escuela.

Mientras se abría el registro masivo para la Beca Rita Cetina y se anunciaban 80 mil nuevos lugares en bachillerato, la CNTE confirmaba un paro de 72 horas, el cual una vez más pondría en pausa el derecho de miles de niños a aprender. El contraste es tan estridente que resulta imposible ignorarlo: México avanza; sí, pero sobre un piso profundamente desigual, donde los que quedan atrás son siempre los mismos.

Comencemos por la noticia que debería encabezar todos los titulares. El Programa Sectorial de Educación 2025-2030 reveló que más de uno de cada cuatro niños con discapacidad en México no tiene acceso a la educación. Uno de cada seis niños indígenas tampoco está en la escuela. Son números que están, serenos y devastadores, en un documento oficial que el propio Estado mexicano firmó y publicó.

Se habla de cientos de miles de niñas y niños que hoy no están sentados frente a un pizarrón, no están aprendiendo a leer, no están formando la identidad intelectual que toda infancia merece construir. No están porque el sistema no los vio, o peor aún, los vio y decidió que adaptarse a ellos era demasiado costoso, complicado o distante de la narrativa del bienestar que conviene contar.

La Constitución mexicana, en su artículo tercero, establece el derecho de toda persona a recibir educación. No dice «toda persona excepto quienes tienen una discapacidad», ni «toda persona excepto quienes hablan una lengua indígena». Lo dice sin matices porque los derechos, por definición, no admiten excepciones basadas en origen o condición. Y, sin embargo, la realidad estadística que el propio gobierno ha documentado demuestra que esa universalidad sigue siendo, en México, una aspiración en lontananza y no una realidad.

Lo más urgente es entender qué produce esa inequidad y exigir que desaparezca. La exclusión educativa de los niños indígenas es el resultado acumulado de décadas de escuelas multigrado sin materiales en lengua materna, de docentes monolingües asignados a comunidades plurilingües, de caminos de terracería que hacen inaccesible la escuela más cercana en temporada de lluvias. La exclusión de los niños con discapacidad es arquitectura escolar sin rampas, es currículo sin lenguaje de señas, es docentes sin formación en pedagogías inclusivas; es, en suma, una concepción del aula que sigue pensando en un alumno estándar, que nunca existió.

El Estado mexicano tiene la obligación no solo de enunciar el derecho, sino de remover los obstáculos que impiden ejercerlo. Eso se llama, en el lenguaje de los derechos humanos, obligación de garantía. Y esta semana, al publicar esas cifras, México reconoció implícitamente que esa obligación está incumplida para sus poblaciones más vulnerables.

Sería deshonesto no reconocer los avances. Y los hubo, varios y significativos. La apertura del registro para la Beca Rita Cetina en primaria, con un apoyo anual de 2 mil500 pesos por familia, es una política de permanencia escolar que merece reconocimiento. No porque el dinero sea suficiente, sino porque representa inversión pública a favor de la idea de que la pobreza no debería ser una sentencia de abandono escolar. Cada peso entregado a una familia en situación de vulnerabilidad es, en el fondo, una declaración de que ese niño importa, que su continuidad en la escuela es un asunto de Estado más que de recursos o de voluntad familiar.

El anuncio de 80 mil nuevos lugares en educación media superior, con expansión específica en municipios como Ixtapaluca y Chimalhuacán, dos de las zonas metropolitanas con mayor densidad poblacional joven y menor oferta educativa del país, resulta relevante. Durante años, el cuello de botella entre secundaria y bachillerato fue una de las formas más crueles de exclusión: jóvenes que habían cumplido con su parte, que habían estudiado y aprobado, que llegaban con deseos de continuar, pero se encontraban con que sencillamente no había lugar para ellos. Decirle a un joven de quince años que no hay cupo para su futuro es una gravísima violación de derechos que se disfraza con mecanismos tan absurdos como el examen de admisión.

También merece atención la reforma de movilidad entre subsistemas de bachillerato. Parece un cambio técnico y burocrático, pero en la vida real de los adolescentes mexicanos tiene un impacto profundo: una familia que debe mudarse por razones laborales ya no tendrá que elegir entre el traslado necesario y el año escolar perdido de sus hijos. Un joven que necesita cambiar de plantel por razones de seguridad no tendrá que volver a empezar desde cero. El derecho al tránsito educativo fluido es una dimensión del derecho a la educación que pocas veces se nombra, pero que importa enormemente en un país con alta movilidad interna y desigualdad territorial.

El 8-M llegó con una buena noticia: las mujeres ya representan el 53% de la matrícula universitaria en México. Es un hito histórico que no debería relativizarse. Durante décadas, la educación superior fue un espacio masculino por diseño y por costumbre. Que las jóvenes mexicanas hayan revertido esa proporción, en medio de todo lo demás que les toca enfrentar, como la violencia en todas sus formas, el trabajo doméstico no remunerado, presiones familiares y muchas más es un mensaje muy poderoso. Ahora, el reto para el Estado mexicano es más que porcentual: hay que resolver todos aquellos casos en los que alguna mujer mexicana, por el hecho de serlo afronte una barrera de acceso o permanencia a la educación.

En contraste, hay sombras que volvieron a proyectarse sobre el sistema educativo, partiendo de la confirmación del paro de 72 horas de la CNTE, programado del 18 al 20 de marzo, el abre una vez más el nudo gordiano de la educación pública mexicana: la tensión entre los derechos laborales de los maestros y el derecho a la continuidad del aprendizaje de los niños.

Esta tensión no tiene solución fácil ni debe resolverse aplastando uno de los dos lados. Los maestros tienen razones históricas concretas para exigir condiciones dignas de trabajo y retiro; un docente empobrecido y desprotegido no puede dar lo mejor de sí en el aula. Pero también es verdad que cada día de clases perdido es un día de derecho al aprendizaje suspendido y que los más afectados son invariablemente los niños de las familias que no tienen acceso a tutorías privadas ni a plataformas digitales de refuerzo.

La solución no es criminalizar el paro, ni tampoco romantizarlo. La solución es que el Estado mexicano entienda de una vez que invertir en las condiciones laborales del magisterio es invertir directamente en el derecho a la educación de los niños.

Otra sombra que se hizo más visible esta semana fue la del acoso digital. Un caso de alto perfil en una preparatoria nacional, donde se utilizó inteligencia artificial para generar imágenes íntimas falsas de alumnas aceleró los protocolos de seguridad digital en varias instituciones. El gobierno respondió con un acuerdo inédito entre la Presidencia, la Secretaría de las Mujeres y plataformas como TikTok y Meta para frenar el ciberacoso y el doxing en entornos escolares. La iniciativa es bienvenida y necesaria. Pero hay que decirlo: los acuerdos voluntarios con plataformas tecnológicas tienen un valor limitado si no van acompañados de marcos regulatorios vinculantes, de mecanismos de denuncia accesibles para menores de edad y, sobre todo, de formación ética en tecnología desde la infancia. La escuela es el lugar donde los jóvenes aprenden a usar la tecnología, por lo cual, deben hacerlo con responsabilidad y respeto a la dignidad ajena.

A todo esto, se suma una reforma curricular en proceso, la reducción de materias con énfasis en pensamiento histórico y crítico, lo cual levanta expectativas legítimas, pero también interrogantes razonables: ¿Quién define qué historia se prioriza? ¿Cómo se forma en pensamiento crítico sin antes asegurar que todos los niños estén en el aula? ¿Tiene sentido discutir contenidos cuando el 16% de los niños indígenas no ha podido cruzar siquiera la puerta de la escuela?

No es que el debate curricular sea irrelevante. Es que hay una jerarquía de urgencias que debe estar en el escritorio de los tomadores de decisiones de política educativa en la nación: primero, el acceso. Saltarse el primer escalón es un lujo que solo se pueden permitir quienes ya están adentro.

Y, precisamente por eso, es importante el Encuentro Nacional de Alfabetización, en donde el INEA y el TecNM entregaron certificados a jóvenes y adultos que lograron concluir su primaria y secundaria a través de modelos de educación comunitaria, lo cual merece celebrarse. Cada adulto que certifica su educación básica, además de que ejerce propio derecho rompe un ciclo. Lo dicen los estudios: los hijos de madres con mayor escolaridad asisten más a la escuela, tienen menos riesgo de abandono y alcanzan mayores niveles educativos. La alfabetización de adultos es una inversión intergeneracional de largo aliento.

México se debe a sí mismo una conversación honesta, donde no se separen los avances de las brechas, que no se celebren los 80 mil nuevos lugares en bachillerato sin preguntarse por qué los niños indígenas siguen fuera, ni tampoco se firmen acuerdos contra el doxing sin también dotar a las escuelas de formación en salud mental digital.

Los derechos educativos de las niñas, niños y jóvenes de México no son un menú del que se puede elegir a la carta: acceso para unos, calidad para otros, seguridad para los que tienen conexión a internet, becas para los que ya están dentro. Son un paquete indivisible que el Estado tiene la obligación de garantizar para todos, sin excepción, sin pretexto y sin pausa.

En suma, en estos días recientes ha habido fuertes señales de que algo se mueve. Pero, también hubo recordatorios brutales de cuánto queda por mover. Y mientras no cerremos la brecha para ese 27% de niños con discapacidad y ese 16% de niños indígenas que hoy no están en ninguna escuela, ningún avance será suficiente para llamarse justicia educativa en este país. ¡Merecemos un gobierno educador!

Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en X en @Erik_Aviles

 Visita nuestro portal electrónico oficial: www.mexicanosprimeromichoacan.org

*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.

 

Gobierno de Michoacán niega ingreso de policías de Jalisco a Tepalcatepec; destaca coordinación en zona limítrofe

El mandatario estatal, señaló que en el área limítrofe se mantiene vigilancia por parte de la 43 Zona Militar y de la Guardia Civil, además de operativos de la policía estatal jalisciense en su territorio                                                                   

Se perfila nuevamente Zamora con más homicidios en lo que va de marzo

Apenas transcurren nueve días del mes y la entidad reporta ya 13 crímenes           

Se registra choque entre 2 vehículos en la colonia Jacarandas, Morelia

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Los ocupantes de las unidades involucradas resultaron lastimados                          

Las nuevas Salas Colegiadas Civiles Regionales agilizan el acceso a la justicia al acortar tiempos

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Detalló, están integradas por tres magistraturas, lo que fortalece el análisis de los asuntos, ya que las resoluciones se discuten y votan de manera conjunta, generando mayor certeza jurídica                                                                                

SIN MIEDO Y SIN DUDAS

REVISAR EL T-MEC                                                                                                        

Respalda Fabiola Alanís protocolo contra hostigamiento y acoso en el Tribunal Anticorrupción de Michoacán

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Señaló que la construcción de instituciones íntegras y cercanas a la ciudadanía implica establecer mecanismos claros                                           

Falleció abuelita de Carlos Manzo

Conocida como Chel fue una persona importante en la formación y crianza del ex presidente municipal                                 

HACER DEPORTE ENTRE LA GUERRA

Por encima de la superficialidad del Mundial de Fútbol 2026 y del Mundialito Escolar, hay un campeonato más profundo jugándose en México, donde lo que se disputan son los cuerpos, la sangre, la salud, el futuro y la vida misma de las niñas, niños y jóvenes, el cual contienden las instituciones, organizaciones de la sociedad civil, padres de familia y ciudadanos que buscan mejorar el porvenir de las generaciones en formación de nuestra nación,  en choque irreconciliable respecto a la ambición de la delincuencia organizada y sus tentáculos, incluyendo su perversa narco cultura.

Las escuelas más vulnerables de México son las rurales, indígenas y unitarias, ubicadas en municipios con alta presencia del crimen organizado. Sus comunidades escolares son exactamente las que, en ese marco contextual, son revictimizadas por carecer de infraestructura deportiva, por contar con menos maestros de educación física certificados o carecer completamente de ellos, de tener menos acceso a programas como el Mundialito y menos aún, de contar con protección institucional para sus estudiantes y maestros.

El deporte escolar en México padece muchas omisiones históricas que los anuncios verticalistas no resuelven. Es preciso nombrar algunas de ellas:

  1. México no tiene ligas deportivas escolares o municipales debidamente protocolizadas a nivel nacional, según el diagnóstico de infraestructura deportiva de la CONADE. Los torneos existen, pero la estructura permanente, la que formaría hábitos y daría continuidad al movimiento es casi inexistente más allá de las ciudades.
  2. La educación física en las escuelas primarias y secundarias de México se imparte en promedio 2 horas semanales, muy por debajo del mínimo de 3 horas que organismos como la OMS y la propia Cámara de Diputados, en iniciativa de marzo de 2025, han propuesto como estándar mínimo para combatir el sedentarismo.
  3. El 20.9% de los inmuebles escolares del país no tiene patio, canchas, ni áreas de usos múltiples. En Michoacán, donde una proporción significativa de escuelas rurales opera en condiciones precarias o bajo esquemas multigrado, esta cifra es probablemente mayor a la media nacional.
  4. En los municipios bajo control territorial del crimen organizado, la actividad deportiva extraescolar ha sido cancelada de facto: no hay ligas comunitarias, no hay ferias deportivas, ni hay competencias municipales. El crimen organizado toca el deporte porque intimida y sojuzga a todo lo que reúne a las personas en un espacio público. Las canchas comunitarias son también espacios de reclutamiento, de ataques armados y de masacres, como se ha documentado en la nación, en nuestra entidad federativa y hasta en la misma Liga Municipal de Fútbol de Morelia, cuyas canchas se ubican, irónicamente, frente a la Fiscalía General del Estado de Michoacán.
  5. Michoacán no cuenta con un protocolo específico de recuperación educativa y deportiva tras suspensiones de clases por violencia. Cuando las escuelas de Aguililla reabren, no existe una ruta clara para que los niños retomen la normalidad escolar, incluyendo la activación física y las actividades deportivas que contribuyen a la regulación emocional tras el trauma.
  6. El reclutamiento de menores aún no está tipificado como delito autónomo en México. Esto significa que cuando un joven de 14 años de Coalcomán es captado por el crimen organizado, no hay un tipo penal que proteja específicamente su condición de víctima ni que persiga a quien lo reclutó. El vacío legal refuerza la impunidad y facilita la captación.

El 4 de marzo de 2026, las autoridades estatales anunciaban desde el corazón de la Tierra Caliente, uno de los territorios más violentos de México,  que más de 7 mil escuelas michoacanas participarían en el Mundialito Escolar 2026 y que casi 5 mil estudiantes recibirían cuatro gigabytes de internet gratis al mes.

Ese mismo día, en los municipios de Aguililla, Coalcomán y Chinicuila, a pocas horas de distancia en carretera, las escuelas seguían cerradas. Los niños no estaban en las canchas. Estaban en casa, detrás de las puertas, esperando que el silencio entre las ráfagas se prolongara lo suficiente para poder salir.

Este es el Michoacán de 2026: uno donde el Estado “apuesta”(sic)  por el deporte como semillero de paz y otra donde simplemente no llega. Dos michoacanes que coexisten en el mismo mapa, pero que pocas veces aparecen en el mismo párrafo del periódico, porque uno aparece en las inserciones pagadas y el otro, en el más visible de los casos, en la nota roja.

Es importante decirlo: el deporte escolar y la activación física, más que política de salud o de entretenimiento son política de supervivencia y sostenibilidad de nuestra sociedad. Hecho que, en Michoacán, así como en los estados más golpeados por el crimen organizado, la cancha puede ser el espacio que salva una vida o el espacio que se rinde ante quien tiene el arma.

Las siguientes cifras expresan el diagnóstico de un país que le ha fallado al cuerpo de su infancia de dos maneras simultáneas: privándola de movimiento físico y entregándola al movimiento de las organizaciones criminales. Ambas formas de violencia se retroalimentan. El niño que no tiene cancha, ni maestro de educación física, ni liga deportiva en su comunidad es el mismo niño que tiene más probabilidades de ser abordado por un reclutador a la salida de la escuela. Y eso, cuando todavía va a la escuela.

  • Entre 30 mil y 40 mil menores son reclutados anualmente por el crimen organizado en México, según la organización Reinserta.
  • La REDIM estima que entre 145 mil y 250 mil niñas, niños y adolescentes se encuentran en riesgo de ser cooptados.
  • El reclutamiento comienza desde los 9 a 11 años.
  • Entre 2023 y 2024, el número de menores probablemente víctimas de reclutamiento forzado aumentó 20.6% a nivel nacional, al pasar de 899 a 1,084 casos detectados, según la REDIM.
  • Michoacán ocupa segundo nacional en crímenes contra niñas, niños y adolescentes: 120 menores asesinados en el ciclo escolar 2024-2025.
  • De cada 100 niñas y niños que ingresaron a primaria en Michoacán en 2010, se estima que solo 18 concluirán sus estudios superiores en tiempo y forma.

Subrayémoslo: la actividad física regular en la infancia y adolescencia está asociada a menor impulsividad, mayor regulación emocional, mejor rendimiento académico y menor riesgo de consumo de sustancias. En contextos de violencia, el deporte organizado ofrece algo que el crimen organizado también ofrece y que el Estado rara vez garantiza: pertenencia, identidad grupal, estructura de tiempo y un adulto que te da instrucciones y se preocupa por ti.

Cuando una escuela en Tierra Caliente tiene una liga de futbol activa, un maestro de educación física presente todos los días y una cancha techada donde los niños pueden jugar incluso bajo la lluvia, ese espacio compite directamente con el modelo de reclutamiento del crimen organizado. Cuando no lo tiene, cuando la cancha es un patio de tierra sin porterías y el maestro de educación física visita la escuela cada quince días porque atiende cinco planteles simultáneamente,  el vacío lo llena quien tenga la siguiente oferta más atractiva para un adolescente sin horizonte visible. O quien tenga una camioneta todo terreno para entrar ahí e intimidar.

El Mundialito Escolar 2026 es una apuesta institucional válida. Pero un torneo no es una política pública. Una política pública tiene presupuesto permanente, cobertura universal, enfoque diferenciado para los municipios en emergencia, protocolos de seguridad para los traslados de equipos en zonas de riesgo y evaluación de impacto. El Mundialito, hasta ahora, es una convocatoria y balones distribuidos. Ni siquiera eso está garantizado donde más se necesita.

Hay un argumento que pocas veces se hace explícito en la política educativa mexicana y que es necesario nombrarlo sin eufemismos: el cuerpo de los jóvenes michoacanos es un territorio en disputa. El crimen organizado disputa ese cuerpo desde los 9 años con una oferta que el Estado no ha podido igualar: dinero inmediato, identidad, poder y la ilusión de pertenencia. El abandono escolar es la puerta de entrada al reclutamiento y los factores que lo producen son exactamente los que también producen sedentarismo, fracaso académico y desconexión institucional: pobreza, violencia en el entorno, ausencia de adultos de referencia, escuelas sin condiciones mínimas, desplazamiento forzado y cobro de piso.

Cuando un joven en Apatzingán, en Zitácuaro o en Chinicuila abandona la escuela, no solo pierde la oportunidad de aprender matemáticas, también pierde el único espacio institucional donde su cuerpo tiene movimiento, competencia sana, comunidad y reglas que no se imponen con armas. Pierde el último territorio donde el Estado le tiene reservado un lugar. Por eso el deporte escolar es mucho más que la parte divertida del currículo que se recorta cuando hay presupuesto insuficiente o cuando la violencia cierra las escuelas. El deporte escolar es un componente estructural del derecho a la educación integral y, en los municipios de Michoacán más golpeados por el crimen organizado, es también un componente de la política de seguridad pública que ninguna estrategia policial puede reemplazar.

El Plan Michoacán por la Paz y la Justicia tiene el mérito de nombrar el problema. Pero un plan de paz que no reabre escuelas es un plan de pacificación parcial, que no atiende ni fortalece a los eslabones más débiles de la cadena humana educativa.

Es imprescindible que el presupuesto educativo estatal para 2027 incluya una partida específica e inamovible para infraestructura deportiva en planteles de municipios de alta marginación y/o incidencia delictiva, vinculada a los indicadores del mapa de riesgo propuesto.

Así también, es perentorio que el gobierno del estado gestione ante el poder legislativo y la federación se impulse la tipificación del reclutamiento forzado de menores como delito autónomo y que Michoacán presente los datos que permitan cuantificar el fenómeno en la entidad. Sin tipificación, no hay política pública; sin diagnóstico, no hay estrategia y sin estrategia, cada día es un asunto de vida o muerte para estudiantes, sus maestros y padres de familia.

Mientras tanto, vidas y destinos se siguen afectando: se anuncian eventos nacionales macro; pero, en comunidades de Aguililla había niños mirando por la ventana de su casa una calle desierta, tanto como su escuela, en donde no había clases, ni siquiera cancha. No había maestro de educación física. No había liga escolar. No había protocolo de retorno. No había política de paz que lo nombrara ni incluyera a él. Solo había silencio. Y en las sombras, como siempre, un reclutador los acechaba.

El deporte no va a ganar esta guerra solo. Pero sin el deporte para todos, sin el movimiento del cuerpo, sin la cancha, sin el compañero de equipo, sin el árbitro y sin el maestro que grita tu nombre cuando marcas un gol, la guerra la estarán ganando ellos. Solo con políticas públicas verdaderas: integrales, transversales, presupuestadas y permanentes, podrá superarse esta oscura etapa de la historia nacional. ¡Merecemos un gobierno educador!

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*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.

 

Vuelca auto en puente de la avenida Madero Poniente de Morelia 

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Sucedió en la parte elevada del Distribuidor Vial Salida a Quiroga