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domingo, junio 16, 2024

JESÚS NO ESTÁ MUERTO; QUEDA LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN EN NUESTROS CORAZONES

viacrucis karla 1404Centenares de personas participaron en el viacrucis que partió de Las Tarascas y concluyó en el Tempo de San Francisco

 

 

“Jesús no está muerto, está dormido; queda la esperanza de la resurrección en nuestros corazones”, señaló fray Elifaleth Josafat Jiménez, párroco de la iglesia de San Francisco, quien encabezó el viacrucis en honor al “hijo de Dios”.

Con la finalidad de hacer una meditación y no una representación teatral dela pasión y gloria del maestro Jesús, la comunidad cristiana de la parroquia en mención cambio a los personajes de carne y hueso por las imágenes de cera.

Con el santísimo al frente, detrás el nazareno con la cruz a cuestas y al fondo el pueblo, la comitiva religiosa partió desde la fuente de las Tarascas; ahí recordaron la sentencia a muerte de Jesús, la cual es representada en la primera estación.

“Para lograr sentenciar a Jesús de su crimen de amor por Dios, tuvieron que declarar falsos testigos que pusieron entre dicho las predicaciones del maestro”.

Luego, frente al Jardín Villalongin y como de escenario las Tarascas, los feligreses escucharon la narración de la segunda estación, donde Jesús carga la cruz y se dirige al Calvario, luego de que Poncio Pilato se lavó las manos para limpiarse de culpas, pues fue el propio pueblo quien lo condenó con gritos de venganza y sed de castigo.

“Cristo hizo tanto por nosotros y nosotros no tenemos tiempo para él; estamos tan ocupados que nos olvidamos de las enseñanzas de amor que dejó a la humanidad”.

Tercera estación: Jesús cae por primera vez. “Por la fatiga de ser golpeado desde una noche antes, con una corona de espinas en la cabeza, el cuerpo humano del Señor es abatido y cae entre la muchedumbre insensible”.

Más adelante, en plena avenida Madero, la imagen de María madre de Dios aparece en escena, la cual es cargada por un grupo de mujeres con túnicas cafés, quienes aguardaron en el lugar hasta que el nazareno pudo encontrar a su madre.

Cuarta estación: Jesús encuentra a su madre, quien destrozada en dolor por ver sufrir a su hijo recordó las palabras del arcángel Gabriel, quien  le habló antes de la concepción; por eso en cumplimiento a las escrituras sabía del sufrimiento de la “salvación”.

En la quinta estación, un hombre hace de Cirineo y simula que le ayuda al Señor con la cruz; después, un poco más adelante, una mujer vestida de Verónica limpió el rostro manchado de sangre del maestro, con un lienzo blanco en el quedó impreso la cara de Jesús, como muestra del poder amoroso que irradiaba Dios en su única representación.

Séptima estación: Jesús cae por segunda vez, agotado del odio y maldad de sus verdugos Jesús no puede más, pues su cuerpo humano le pide que pare porque el daño es fatal, sin embargo, fue más grande su amor y voluntad que prosiguió con su misión espiritual.

“Nos recuerda que como humanos somos susceptibles a las recaídas. En honor a nuestro maestro debemos tener presente que más puede el amor por el todo”.

Jesús era seguido por muchas mujeres, quienes derramaron lágrimas de compasión por la crueldad que era sujeto su mentor y guía de vida. “No lloren por mí; lloren por ustedes mismas y sus hijos” les dijo a las hijas de Jerusalén.

Novena estación: Jesús cae por tercera ocasión. Posteriormente, una vez llegado al Calvario fue despojado de sus ropas y clavado de manos y pies en la cruz donde después de tres horas de agonía murió.

En la terciaba estación el cuerpo sin vida de Jesús fue bajado y entregado a su madre y luego puesto en el sepulcro en espera de la resurrección, mientras que María quedó sola, porque su esposo José ya había fallecido y su hijo también.

“En este día, nosotros no dejemos sola a la madre de Jesús, llevémosla en nuestro corazón todo el día hasta que su hijo resucite al tercer día”, señaló el sacerdote, antes de terminar con la plegaria final.

Más que una historia de sufrimiento y dolor se trata de una muestra de amor del creador por la humanidad, la cual se hace presente y casi real el viernes Santo, único día en que la iglesia no tiene servicio por el respeto de la muerte de Jesús, la cual nos enseña que el tiempo y la muerte se encuentran fuera del alcance del pensamiento y se acerca a la conciencia espiritual.

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